-Historias Dark Hunter- Capítulo 1 Por DangerMel

sábado, mayo 28, 2011

La noche era oscura, apacible. Como todas las que Dangermel vivía. 

Le encantaba la noche. Por eso no le disgustaba nada el ser una Dark Hunter. La noche para ella era como el día para los humanos, solo que con menos ajetreo, dependiendo de como lo miraras. Ya que su vida era de todo menos tranquila.

Actualmente se encontraba en Barcelona, en la Plaza cataluña para ser más exactos, a plena noche era un lugar donde las prostitutas estaban totalmente visibles y con ellos los Daimons aparecían más a menudo para alimentarse de las almas de aquellas mujeres. 

Ella luchaba por impedirlo, aunque a veces no conseguía llegar a tiempo. No había muchos Darks por aquella zona y su jefe Ash, permanecía la mayoría de tiempo por la zona de Nueva Orleans, donde habitaban la mayoría de los Dark Hunters.

Más de una vez había pensado en ir hacia allí, pero Barcelona le gustaba y sabía que allí se necesitaba gente, pero no desechaba que por cualquier cosa tuviera que irse hacia allí.

Ella en realidad era griega, nacida en el año 666 A.c., en una época muy, muy antigua, donde las cosas parecían mucho más sencillas. Pero por cosas de la vida había acabado siendo un ser inmortal, con colmillos. Ya que cuando ella murió, rogó por que Artemisa apareciera y la ayudara a llevar su venganza. Cosa que consiguió.

Desde aquel día había jurado proteger el mundo y servir a la diosa en su lucha contra los Daimons.

Era una guerrera despiadada, bastante malvada a la hora de matar a sus victimas. Los hacía sufrir hasta que rogaran clemencia y después los mataba asiéndolos desaparecer.

Caminó por las anchas calles de las ramblas, en busca de acción. Ya que llevaba días con ganas de marcha y no encontraba nada de su agrado, pero esta noche sabía que iba a ser la suya.

Caminó cerca de los callejones más oscuros y a lo lejos visualizó a dos personas. Lo que parecía ser una rubia prostituta haciéndole un gran trabajo a un hombre. Un hombre con pelo rubio casi blanquecino. Un daimon. Lo sentía.

Se acercó sigilosamente por la zona donde las luces de la calle no alumbraban. Caminando sin hacer ruido hasta casi posarse a espaldas del daimon. Su mano fue a parar dentro de su gabardina de cuero, al mango de su daga. 

El Daimon permanecía con los ojos cerrados, sin percatarse de lo que se avecinaba a su alrededor. Disfrutando de lo que aquella prostituta le estaba haciendo en su miembro. Pero Dangermel le iba a cortar el rollo rápidamente. 

-¿Hambriento Damon?

El Daimon abrió los ojos sorprendido y a la vez asustado. No se esperaba el tener que lidiar con ningún Dark hunter aquella noche. Solo quería darse placer y alimentarse de una nueva alma, nada más, pero ya se estaba imaginando lo que vendría ahora.

Agarró a la prostituta del pelo y la apartó de inmediato, guardándose su miembro para si mismo, y preparándose en posición de ataque.

Dangermel también estaba preparada. La mujer en cambio, se fue rápidamente hacía una esquina del callejón y gritó de pánico al ver como ambos se enzarzaban en una lucha.

Aquel Daimon era bastante fuerte. No le estaba siendo fácil a Dangermel atraparlo para torturarlo, pero no se daría por vencida. El Daimon sacó una pistola de su bolsillo y disparó directamente en el estomago de Danger.

-Si quieres detenerme te hará falta mucho más que eso- gruñó enseñando sus dientes a aquel ser maldito, haciendo que este le disparara de nuevo- ¿No te cansas?- dijo en tono aburrido.
-¡Maldita zorra!- gruñó el Daimon e intentó huir. Pero Danger era más rápida que el y lo atrapó de su pelo, lanzándolo con una fuerza sobrenatural contra el muro de la calle.

Lo inmovilizó por el cuello, manteniéndolo levantado del suelo, haciéndolo jadear y con su mano empuñó de nuevo la daga y se la clavo en el estomago. Retorciéndola y sintiéndose orgullosa del gemido de dolor que desgarraba la garganta del Daimon.

-¿Te hace pupita?- murmuró burlona- Espera que esto te dolerá más- murmuró clavando su daga en la polla del Daimon, haciéndolo incluso llorar por la intromisión. Dangermel rió histéricamente, disfrutando de aquello. Nada más le gustaba de hacer sufrir, de ver como la sangre del daimon recorría su daga y le manchaba las manos. Como su lema decía. ¿Dialogar antes de actuar? Ja...Donde la sangre corra, ahí estaré yo. Y es que le encantaba sentir la sangre recorriendo su cuerpo, la sangre de sus enemigos por supuesto. Era placentero, casi le hacía sentir un orgasmo con ello.

El damon seguía luchando por escapar, pero Dangermel se lo estaba poniendo muy difícil. Cortándole miembros lentamente para oírlo chillar más todavía. Era cruel, ella lo sabía, pero ya bastante cruel era la vida como para convertirla en algo bonito.

A lo lejos oyó pasos, la gente estaba comenzando a acercarse por los alrededores y no quería que nadie la descubriera asesinando a un asesino. Así que sin más, empuñó fuertemente el arma y la hundió en el pecho del Damon, haciendo que se desintegrara instantáneamente.

-¡unos menos!- murmuró y entonces se dio cuenta de que atrás suyos se oían unos sollozos. Era la prostituta. 

Se acercó a ella y se puso a su altura, estaba aterrada. La miró fijamente y habló.

-Nos has visto nada, ahora te desmayaras y cuando despiertes no recordarás nada, solo que ibas demasiado drogada y te desmayaste.-La muchacha asintió y se desvaneció en el suelo. Dangermel se apresuró a salir del callejón hasta su precioso Porsche Turbo 911 gt de color rojo, y se dirigió hacía su increíble mansión del barrió de Pedralbes.

Estaba bastante debilitada por los balazos, en realidad le dolía bastante. Así que cuando llegó a casa se quitó las balas que permanecían en su interior, se dio una ducha y se fue a descansar para que las heridas cerraran.

Esa era su vida, esa era su condena, pero también era lo que a ella le gustaba hacer. Matar y ver la sangre correr.

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