Sherrilyn Kenyon. Risas a través de las lágrimas.

martes, mayo 10, 2011

Esta es una carta muy especial que Sherri colgó hace un tiempo en su blog, esta mejor que cualquier biografía puede daros una idea de la gran mujer que es esta autora.

RISAS A TRAVÉS DE LAS LÁGRIMAS
Recibí un e-mail hoy que me sacudió vívidamente. Era una pregunta de un fan que me decía cómo es vivir mi vida. Tener una buena familia y todo lo que he querido tener, me hizo querer llorar con tal intensidad que me dirigí hasta aquí el teclado. Ella me preguntaba cómo era capaz de imaginarme a los personajes tan vivamente y la respuesta es simple. He estado allí.

Sé lo que significa vivir y amar con miedo, que se burlen de ti con crueldad y tratar de hallar refugio a través de la más feroz de las tormentas. Si hay una escena, de todos los libros que yo relato mayormente, es la de Zarek caminando descalzo a través de la ventisca, buscando confort. Él de pie en el exterior, mirando hacia adentro la animada casa y deseando con todo su corazón ser uno de esas felices y cálidas personas del interior.

Si mi vida fuera perfecta, no tendría que levantarme hoy con sólo tres horas de sueño a trabajar. Quisiera dormir hasta el mediodía, que mi maridito me despierte con rosas y que mis hijos estuvieran perfectamente sanos y felices. Mi hijo mayor no sería autista, mi hijo del medio no tendría problemas de salud y mi hijo menor no sería hiperactivo. Mi hermana mayor no tendría parálisis cerebral. Mi hermano mayor y mi madre estarían vivos aún y cuando algo bueno me pasara, no sentiría el miedo que ha hecho un agujero permanente en mi corazón.

Ya ves, yo soy Acheron. Y sé que el más fuerte acero está forjado fuera de las llamas del infierno. Lo más agradable que puedo decir sobre mi infancia es que sobreviví a ella. Sé lo que es ser tan pobre que tienes que tragar aire para poder engañar a tu estómago con el pensamiento de que tienes algo en él. Yo era la niña que iba a la escuela con ropa de niño heredada, quien miraba fijamente los hermosos vestidos que otras niñas vestían deseando tener uno también.


Sé cómo es vivir con miedo de ser golpeada por nada más que atreverse a echar a alguien una mirada. Hubo un tiempo en mi vida en que estaba demasiado temerosa incluso de pedir un paquetito de salsa de tomate en MacDonald’s porque no quería ser golpeada o insultada por mi audacia. Conozco el valor que se requiere para juntar los pedazos de tu vida después de haber sido hecha pedazos. Pararse valientemente ante el mundo, levantar el puño y gritar “¡Estoy aquí y no seré tu víctima! ¡Soy un ser humano y puede que no te importe, pero a mí me importa y no dejaré que me hieras nunca más!”

Encontrar el valor de uno mismo, esa fuerza interior para pararme y pelear cuando todo lo que quieres hacer es enroscarte y morir, es lo más difícil. Pero como mi madre solía decir, vine a este mundo al revés y así ha sido desde entonces. Porque nada de lo que hice de niña fue suficiente bueno para complacer a aquellos a mi alrededor, y aprendí a no dar importancia de lo que pensaran de mí. Si voy a ser juzgada, será por quien soy y no por quien estoy tratando de ser para hacer a otra persona feliz.

No dejaré que mis hijos conozcan las dañinas palabras que hicieron eco dentro de mí en mi infancia. Ellos no crecerán en el miedo y el dolor. No retrocederán cuando alguien levante la mano cerca de ellos y no se sentarán con la espalda contra la pared porque están temerosos de ser heridos al bajar la guardia, incluso en un latido de corazón. Mi mejor regalo para ellos es la normalidad.

Así como mi mejor regalo de pequeña eran los libros. En ellos, aprendía que aunque me sintiera impotente, no lo estaba. Que podría elevar mi vida no importaba cuan oscuro estuviera el día. Que si podía encontrar el valor en mi interior, la fuerza para luchar, podría sobreponer cualquier conflicto para ganar. Los libros fueron mi refugio. Ellos me enseñaron un mundo donde la gente vivía sin daño. Donde una mendiga se convertía en princesa. Donde una rana podía ser un príncipe.

Escribir es lo que me da fortaleza. Es lo que me permite escapar de la realidad y el horror de mi vida y encontrar un semblante de paz en mi interior. Pero no siempre escribir fue fácil para mí.

También se han reído y burlado. Fui rechazada incontables veces y a la serie de los Dark-Hunter, tan amada por tantos le llevó once años venderse. A diferencia de otros autores, he tenido BRUTALES rechazos incluido uno que decía “Nadie en esta editorial esta interesado en desarrollar a este autor, no presente su trabajo otra vez”.

Hace menos de 10 años, estábamos en bienestar social viviendo en agujeros como a los que yo había jurado no regresar. Y ahí estaba yo, apartando cucarachas de mis bebés, llorando mientras me disculpaba por haberlos traído a un mundo donde no los podía proteger o proveer para ellos. Yo elaboraba coronas que vendía a 10 dólares a una pequeña boutique mientras mi esposo trabajaba en una oficina de día y en una factoría durante la noche para que podamos tener electricidad y un techo. No teníamos cable ni teléfono. Yo no tenía ni un automóvil. Cuando mis bebés enfermaban, que era a menudo, tenía que poner a uno en un portabebés que una amiga me había dado y a otro en un carrito de ruedas con paraguas de 10 dólares para andar casi 17 km hasta el consultorio del doctor donde me hacían esperar porque estaba en bienestar social y la salud de mis hijos no era tan importante como los niños de aquellos padres que tenían la suerte de que fueran sanos desde que nacieron. Niños cuyos problemas médicos no los habían llevado a UNCI (Unidad neonatal de cuidados intensivos) o cuyas facturas no habían llevado a la bancarrota a la familia.

Aún puedo ver los labios fruncidos en las caras de las enfermeras y escuchar sus comentarios susurrados “Estoy cansada de esta gente que viene aquí mientras que yo tengo que trabajar para sostenerlos”. Sin saber que yo estaba trabajando. No podía hacer lo suficiente para cubrir las cinco operaciones que requería mi hijo mediano o los medicamentos y terapias respiratorias de mi hijo mayor, necesarias para que viva (y para el caso el costo de los medicamentos para mis propios problemas de salud). Así que muchos de nosotros vivíamos del pago del cheque y no desperdiciando frívolamente el dinero (como decía mi marido) y compartiendo un coche porque no podíamos tener dos. Lo que nos llevó a la ruina fueron las facturas médicas y el hecho de que, como había planeado trabajar hasta el nacimiento de mi hijo menor, tuve que permanecer en reposo en cama o perder el bebé. Dado que mi padre acababa de morir de cáncer y mi hermano mayor había muerto un par de años antes, no podía soportar la idea de perder a alguien más que amaba.

Lo peor de todo, sé lo que es estar sin hogar. Vivir con el miedo de ser desalojada y no tener un refugio para mi bebé. Ningún ser humano debe conocer la degradación de no tener el suficiente dinero para comer y ser la burla de otros por esta causa. He sido la persona que pasaste en el camino, caminando a su trabajo en un uniforme de camanera y un ligero chubasquero en invierno y así trabajar diez horas diarias y regresar a casa (agradecida de tener un empleo que me permitía comprar comida a mitad de precio de manera que podía comer al menos una vez al día).

Esta fue mi vida hasta hace cinco años. Y no se la desearía a nadie. Cinco años atrás, justo cuando la primera novela Dark-Hunter salió, me despidieron. El temor de mi corazón era increíble. ¿Cómo podía decirle a mi esposo, cuando estábamos apenas regresando a nuestras vidas y saliendo de bienestar social?

Y perdí mi trabajo debido a los recortes en la compañía. Lloré todo el camino de vuelta a casa. Miraba a mis hijos y tenía miedo de quedar sin hogar de nuevo. Que sean objeto de burla por nuestra pobreza porque había fallado como madre. En mi mente, había fallado como ser humano.

Dicen que uno debe escribir sobre lo que conoce y eso es lo que hago. Escribo sobre personas que encuentran risas tras sus lágrimas. Personas que han de superar su pasado para tener un futuro. Personas que no saben cómo rendirse. Quienes encuentran la fortaleza para sonreír mientras se marchitan y se sienten lastimados en su interior tanto que no saben como mantenerse unidos por más que un latido de corazón.

Y mientras, estoy orgullosa de mi fuerza interior. De mi habilidad de permanecer cuerda en medio de tanta locura, y sé que a mi lado está un hombre que tomó mucho de mi coraje para amar. Juntos de la mano, mi esposo y yo caminamos a través de tragedias, enemigos y tormentas. Y juntos de la mano, aún estamos aquí. No siempre fue fácil para nosotros, ambos somos humanos: deficientes, temerosos y marcados con cicatrices. Pero estamos comprometidos y ambos conservamos nuestro honor y nuestras promesas sagradas.

Recuerdo una vez, conversando con mi hermana, quien poniendo los ojos en blanco me decía que yo era muy exigente cuando de hombres se trataba, “en verdad, Sherri, ninguno cumple tus expectativas. Necesitas bajar tus demandas”. Y yo le respondí que no estaba buscando un novio. Estaba buscando un compañero que compartiera el resto de su vida conmigo. Un hombre que fuera el padre de mis hijos y que me ayudara a proveerlos y protegerlos de un mundo que raramente había sido bueno conmigo y del que no tenía ninguna razón para pensar que pudiera mejorar. Si alguna vez hubo un tiempo para ser meticuloso, ¿no era ese?

El matrimonio para mí significaba encontrar a alguien en quien confiar lo suficiente como para echarse a su lado y cerrar los ojos y confiar que él no me lastimara mientras estaba inconsciente. Había sido herida lo suficiente en el pasado cuando no tenía control sobre quien vivía en mi casa. Y juré, cuando me fui, que nadie me haría vivir con temor otra vez. Y es una promesa que aún se mantiene sagrada.

Así que me puse metas altas, sin proponerme jamás realmente encontrar a alguien que traspasara la espinosa barricada que rodeaba mi corazón. No quería a alguien que pudiera sacudirme. No quería amor. Más que nada, no quería ser herida otra vez. Me tenía a mí misma y eso era suficientemente bueno.

Entonces un día, este hombre… no un niño, sino un hombre apareció con una sonrisa tan dulce y unos modales tan gentiles y pacientes, que por primera vez vi mi futuro reflejado en esos expresivos ojos marrones. Él tomó mi mano y me dijo que siempre estaría aquí cuando yo lo necesitara y ha demostrado esas palabras una y otra vez. Aún veo mi futuro cuando lo miro. Y mientras rezo por que el futuro sea uno bueno, sé que no importa que traerá el mañana porque no tengo que enfrentarlo sola.

Para vivir mi vida se necesita coraje. Todos lo días. Tengo que vencer los demonios de brutales dudas y críticas personales. Tengo que lidiar con mi pasado, el dolor de aquellos a quienes perdí y el temor de lo que mañana podría perder de nuevo. Tengo que tratar de encontrar tiempo de calidad para mi esposo, mis amigos, mis hijos, mis fans y mis personajes. No tengo todo lo que quiero, pero me las arreglo. Y no me concentro en lo que he perdido. Me concentro en lo que afortunadamente tengo. No, no es una vida perfecta, pero es la única que tengo y tengo la intención de hacerla contar para algo. Y cuando mi vida termine, quiero ser capaz de decir con plena conciencia, que si bien no soy una persona perfecta, traté de hacer lo mejor. O sencillamente, lo intenté. No me rendí ni me sometí. Continué sin importar qué.

Todo lo que pido es no hacer sentir nunca a otras personas que no tienen valor, como algunos me hicieron sentir y brindar sonrisas a aquellos que lo necesitan más. A todos vosotros, os deseo una vida mucho mejor que la mía. Y si pudiera, os entregaría a todas el esposo que tengo porque es el mi fortaleza silenciosa, y es a través de él, mis hijos, mis fans y mi escritura, que he encontrado la felicidad y prosperidad. Ellos son mi refugio en la tormenta que es a veces la vida.

Abrazos a todos.


Fuente y traducción DHL

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1 comentarios

  1. Esto es uno de los relatos que lees con un nudo en la garganta y los ojos empañados de lágrimas :'(
    Grande ella, se merece todo.

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