-Historias Dark Hunter- Capitulo 38 Por Jeliel

domingo, julio 17, 2011

(En el mismo momento en que encuentran a Artemisa después de que la hayan drogado...)


- ¡¡No!! - grité desesperada cuando la bala salió de la pistola que mi propio hermano empuñaba y atravesó el pecho de mi marido.

Carlos había interceptado la bala que iba dirigida a mí, en el último momento. Lo vi caer, como si fuera un muñeco de trapo, al suelo de mármol de lo que era el salón de nuestra casa.
Se llevó la mano al pecho mientras me miraba.

- Corre… - susurró.

Me agaché a su lado todo lo rápido que mi barriga de ocho meses de embarazo me permitió y apreté la herida con fuerza. Sollocé al comprobar la gravedad de su herida. No daba tiempo de llamar a un médico, necesitábamos un milagro.
Miré a mi hermano mayor, que miraba a Carlos con odio.

- Se merece morir por intentar protegerte - dijo fríamente -. Nunca debiste haber nacido. Los que te protejan merecen el mismo destino que tú.

Miré a Pierre llena de furia, con los ojos plagados de lágrimas.

- Aquer… - comencé a invocar al líder de los Cazadores Oscuros.

Aquerón, el gran amigo de Carlos. Él podría ayudarnos, era mi último recurso. Carlos había sido un Cazador Oscuro a las ordenes de Artemisa y Aquerón hasta hacía 6 años, cuando éste me había entregado su alma y había conseguido devolvérsela.

- ¡Ni se te ocurra! - gritó mi hermano antes de dispararme a la cabeza para evitar que terminara la invocación.

Después todo se volvió negro.

No podía acabar así, no podía dejar a Carlos solo, no cuando nuestra vida en común prácticamente acababa de empezar y yo llevaba un hijo suyo en mi vientre. ¡Mi hijo!
Grité y grité como tantas veces había oído a Carlos explicándome el día que él murió hacía ya 600 años, hasta que me encontré en medio de una habitación revestida totalmente de blanco, frente a una pelirroja ligeramente más alta que yo. Ella también iba revestida de blanco, o casi, porque ropa, la verdad, llevaba poca.

- Hazme volver, por favor - le dije.
- Vaya, vaya… - sonrió mientras caminaba en círculos a mi alrededor para mirarme de arriba abajo -. Mira quien vuelve con el rabo entre las piernas. ¿Dónde has dejado a tu querida alma gemela? Parece que fue ayer cuando le di su alma a Aquerón. Menudo final más curioso el vuestro, curioso y divertido.

Sentía ganas de llorar, ante ella volvía a tener mi cuerpo, pero no había ni rastro del embarazo.

- Mándame de vuelta y me pondré a tus pies.

Levanté mi camiseta para acariciarme la tripa, ya inexistente. Habían matado a mi hijo, no tenía otra explicación.

- Ya sabes como funciona - dijo Artemisa, y automáticamente, alargó el brazo para tocarme en las costillas, justo debajo del pecho derecho.

Grité por el dolor de la transformación y de repente me encontré de nuevo en el salón de mi casa. Parpadee varias veces, confundida por mi nueva visión, mucho más clara que antes. Carlos yacía muerto a mis pies.

- ¡Aquerón, yo te invoco! - grité.

Pasaron unos segundos interminables hasta que una luz me cegó y apareció aquel hombre alto de melena negra, el hombre que tantas noches había pasado en casa bebiendo cerveza con mi marido entre risas y que ahora me miraba con los ojos entrecerrados, el hombre que era como un mentor para mí desde que me había salvado, el hombre al que le debía la vida, el hombre cuyo nombre pensábamos ponerle a nuestro hijo .

- ¿Qué cojones…? - dijo mientras se acercaba a nosotros.

Mientras lo esperaba, me había agachado para sostener la cabeza de Carlos sobre mis rodillas y estaba pasándole los dedos entre su pelo negro.

- Resucítalo, por favor - le dije -, devuélvemelo.
- No puedo, ya no está ahí. Su alma ha cruzado al otro lado, Geneviève.

Me encogí cuando me llamó por mi nombre completo, el nombre que mis padres me habían dado, los mismos padres que habían ordenado mi muerte.
Lo vi cerrar los ojos para descubrir con sus poderes que es lo que nos había pasado y los abrió en cuanto empecé a sollozar.
Estaba maldita, maldita de verdad. Cuando por fin pensaba que no se podía ser más feliz en la vida, que por fin había escapado, me lo habían arrebatado todo, doblemente, mi marido yacía muerto y mi hijo había desaparecido de mi vientre, imaginaba que al morir, su alma se había desprendido de la mía y se habían separado.

- Necesito que te quedes con él. Tengo que ir a vengarme y no quiero dejarlo solo. Ya sabes que solo tengo 24 horas…

Se inclinó sobre mí y agarrándome de los hombros, me levantó en vilo para abrazarme.

- ¿Por qué lo has hecho? ¿Es que no has aprendido nada en estos años? - me regañó mientras me zarandeaba.
- Tenía que vengarnos - enterré la cara en su pecho.

En otro momento me habría puesto colorada y sofocada a causa de los músculos que me rodeaban. Recuerdo perfectamente el día en que Aquerón apareció en el psiquiátrico donde me tenían encarcelada y lo vi por primera vez. Yo tenía 16 años y lo había mirado de arriba abajo con una ceja levantada mientras, literalmente, me hacía agua por completo. Me había reído de él cuando me dijo que venía a sacarme de allí, no lo creía posible de tal cosa. De alegrarme la existencia un rato sí, pero de sacarme de allí… no. Sin embargo lo hizo. Me dijo que un amigo suyo necesitaba que le echara una manita con mis poderes durante un tiempo, a cambio recibiría un sueldo vitalicio y una casa propia. Así fue como conocí a Carlos y así fue como llegué a Madrid y nunca más me fui.
Aquerón se agachó para cerrar los ojos a Carlos, aproveché para levantarme ligeramente la camiseta y mirarme la nueva marca que allí descansaba, la marca de Artemisa. La acaricié mientras con la lengua, recorría mis colmillos. Miré a Aquerón y lo sorprendí mirándome con pena.

- Supongo que te veré luego.
- Espera - abrió su mochila y me entregó una pulsera de cuero ancha, se acercó y me la colocó en la mano derecha -. Se activa con la mente, solo tienes que desear activarla y lo hará. Hazlo.

Hice lo que me ordenó y automáticamente apareció una daga bajo la palma de mi mano, con una empuñadura de cuerpo para poder agarrarla.

- Gracias - dije impresionada.
- Te teletransportaré con tu hermano Pierre.

Asentí con la cabeza lentamente. En ese momento, los pensamientos de Aquerón me dejaron entrever sus intenciones.

- Ni se te ocurra borrarme la mente cuando esto haya terminado, no diré nada a nadie sobre qué eres realmente, tu secreto está a salvo conmigo.

Aquerón tenía miedo de que al rodearme del resto de Cazadores se me pudiera escapar algo. El resto de Cazadores... casi todos habían conocido a Carlos, incluso muchos de los que vivían en España nos visitaban de vez en cuando. ¿Me odiarían tanto como me odiaba yo a mí misma? Era la única responsable de la muerte de Carlos, fui una idiota al creer que podía empezar mi vida de nuevo y con compañía.

- Un último favor y seré toda tuya para empezar el entrenamiento. ¿Podrías llevarme a París cuando termine con Pierre?

Estaba pensando en como llegar más rápidamente, si alquilar un coche deportivo y coger la carretera a 300 km/hora mientras me pasaba por el forro todos los radares del camino o si me saldría a cuenta ir a comprar un billete para el primer avión que saliera.
Lo escuché resoplar.

- Te llevaré...
- Llévame con Pierre y dame media hora... Vuelve a por mí y terminaré la faena en París.

Alargó una mano para tocarme y de golpe me encontré en una habitación totalmente distinta, parecía un hotel. Pierre estaba en el baño y se quedó blanco en cuanto me vio.

- Hola, hermano... - sonreí.

Media hora más tarde era yo la que estaba limpiándome las manos llenas de sangre en el baño cuando apareció Aquerón a mi espalda y saltando el cadáver de Pierre volvió a tocarme sin decir ni una palabra y entonces me encontré dentro del Panteón de París, lo que se consideraba la Iglesia de Sainte Geneviève. Miré a mi alrededor y solté una carcajada.

- Muy gracioso, grandullón... me las pagarás.

Corrí hacia la puerta y me abrí paso entre los turistas para llegar a casa de mis padres sin pérdida de tiempo.
Dos horas más tarde, había acabado con mis padres lenta y dolorosamente y, como me sobraba tiempo, había ido buscando a dos de mis tres hermanos que seguían con vida. Sebastià, el menor de ellos, y el cuarto en nacer, era el único que me había tratado bien, el único que había intentado sacarme de aquel psiquiátrico donde había estado confinada tanto tiempo, Sebastià era el que había oído hablar de Aquerón y le había pedido que me sacara de allí. Así que a Sebastià fue al único que dejé con vida.
Cuando hube cumplido mi venganza, me encontré de nuevo en el tempo de Artemisa; Aquerón estaba con ella.

- No tengo tiempo de entrenarla ahora mismo, Artie, tengo un follón en Nueva Orleans de tres pares de narices.
- Llévala con Savitar.
- ¡No! - dije decidida -. Esperaré lo que haga falta, quiero que me entrene Aquerón.
- ¡¡Harás lo que se te ordene!! - gritó Artemisa llena de furia -. Cubrirás el puesto que tu amante dejó vacante y te entrenará quien yo te diga.
- Déjala en paz, Artemisa, la llevaré conmigo - giró la cabeza para mirarme fijamente -, si promete portarse bien. Te irá bien observar y distraerte con el resto de Cazadores. Entre todos conseguiremos entrenarte poco a poco hasta que pueda ponerme contigo en serio.

Artemisa cruzó los brazos por delante del pecho, malhumorada.

- Ten por seguro que esto va a ser muy divertido. Cubrirás tu puesto y el de Carlos, por habértelo llevado.

Aquerón puso los ojos en blanco. Me cogió del brazo y esta vez me encontré en un salón pequeño y desconocido para mí.

- Espero que este sea el último viaje de hoy... - dije cerrando los ojos para centrarme.
- Mientras estabas fuera ordené el funeral de Carlos.

Aquerón dejó salir a Simi, a la que ordenó que me llevara a comprar ropa apta para luchar mientras él iba a ver como iban las cosas.

- Llévala al Santuario cuando terminéis, Simi. No os entretengáis con nada más que sea comprarle ropa a Jeliel. No te comas nada ni a nadie y no dejes que os maten.

Tendió una tarjeta de crédito dorada a Simi y ésta, agarrándome de la mano salió corriendo mientras gritaba de alegría hasta que estuvimos en la calle.

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