-Historias Dark Hunter- Capitulo 44 Por Fletcher

miércoles, julio 20, 2011

Otto Carvalleti conducía a una velocidad demencial por las calles de Nueva Orleans.
-Mierda, mierda, mierda...-susurraba de cuando en cuando.
Estaba buscado, de forma desesperada, a la cazadora Fletcher. Hacía días que no se sabía nada de ella, y con las movidas que se traian en ese momento los Hunters lo más probable era que estuviese muerta.
-¿Por qué narices no tiene móvil?-gritó, iracundo.
Se metió por un callejón que resultó no tener salida.
-Y menudo asco de ciudad... joder, que no soy Gautier...-resopló. Ya iba a dar marcha atrás cuando sintió el impulso de continuar algo más.
A pesar de los faros del coche, la noche era oscura y no identificaba aquel bulto negruzco al final del callejón. Siguiendo una corazonada, se bajó del coche y prácticamente corrió hacia la forma.
Casi se le paró el corazón al ver a Fletch cubierta de sangre reseca y más pálida de lo que debería estar permitido.
-¿Fletch?-preguntó en voz baja.
Ella gimió.

-¿Otto? ¿Eres tú de verdad?-dijo la chica con un hilo de voz. Su curioso acento, mezcla de la nota melódica del griego, la cadencia francesa y las consonantes marcadas del español, estaba teñido de dolor.
-Soy yo-dijo con una sonrisa tensa-. ¿Dónde te han herido? ¿Qué ha pasado?
Fletch se levantó un poco la camiseta para dejar al descubierto su vientre y parte del costado derecho, que manaba sangre. La carne estaba desgarrada y acuchillada por diversas zonas.
Otto soltó una maldición en italiano.
-¿Quién ha sido?-preguntó, aterrado. Se quitó la camisa y comenzó a romperla en tiras largas con la intención de taponar la horrible herida.
-No eches a perder esa camisa, Otto. Si no me he muerto aún es porque soy una cabezota.
Al chico no se le escapó que no le había contestado.
-¿Quién te hizo esto, Fletcher?-dijo, muy serio.
Ella no lo miró a la cara y murmuró:
-No lo sé.
-Sí lo sabes, maldita sea. Dímelo.
Ella levantó la cabeza y clavó en él sus ojos entrecerrados por el dolor.
-No me creerás.
-Dímelo, por favor.
-Fue... fue Dangermel, nuestra Mel-soltó, recostando la cabeza contra el brazo de Otto.
Él no dijo nada mientras le apretaba las improvisadas vendas. Tenía la mandíbula tensa y parpadeaba más de lo normal para contener las lágrimas. Esas heridas... a la cazadora no sólo le dolían en el plan físico. Cuando terminó, le apartó con suavidad el pelo lleno de sangre de la frente y le dijo:
-Ya les he enviado un SMS a los demás. ¿Puedes levantarte? Vamos al Santuario. Te pondrás bien, ya lo verás.
-Buen chiste, Otto. Perdona que no me ría, pero me van a tener que coser con sogas marineras. No me voy a poner bien. No sé qué mieerdas pasa aquí, solo sé que no voy a volver a confiar en nadie nunca más.
Otto no la hizo caso y la intentó poner de pie. Ella gimió de dolor y se mordió el labio inferior para no gritar.
-Despacio-muermuró el escudero-. Así, muy bien. ¿Puedes andar? Espera, te llevo.
Ella protestó débilmente cuando él la cogió en brazos y la llevó hasta el cohe.
-Déjame-dijo, a punto de llorar. Fletch respiró hondo. "No vas a llorar delante suya. Nunca más, ¿recuerdas? Guárdate las lágrimas como siempre", se reprendió a sí misma.
-Shh-dijo él, intentado ponerle el cinturón.
-Joder, que me sueltes-intentó gritar. Al final no le salió más que un susurro ronco. Se le estaba nublando la vista ora vez-. Suéltame o gritaré y diré que me estás intentado secuestrar o algo.
-No seas infantil, tengo que llevarte al Santuario. No te vas a morir, ni se te ocurra morir delante de mis ojos, ¿de acuerdo?-tragó-. Te pondrás bien, te tienes que poner bien-terminó con un sollozo quedo.
Fletcher se dejó de revolver y le puso una mano pálida y ensangrentada en la mejilla.
-Lo siento. Sabes que soy idiota. Dame un golpe en la cabeza si empiezo otra vez-susurró. Otto alzó la vista. En los oscuros ojos de la chica, nublados por el dolor y la pérdida de sangre, aún persistía la desconfianza y el miedo. Él no se pudo resistir y la abrazó.
-En seguida llegamos al Santuario. Allí te curarán y me lo contarás todo, ¿vale? No te va a pasar nada malo.
Fletcher tragó saliva y entreabrió los ojos. Asintió sin mucha convicción. Otto comprendió que aún dudaba de él.
-No dejaré que te pase nada-soltó de nuevo. Cerró la puerta del coche y corrió a su alrededor hasta que estuvo sentado en el asiente del conductor-. No dejaré que nadie te haga daño.
Arrancó y dio macha atrás como un desquiciado.
-Nunca-terminó. Y plantó un suave beso en los labios magullados de la chica.

Más Información En...

0 comentarios