Cuarto Capitulo de Retribution en Español

sábado, agosto 13, 2011

Abigail se había preparado toda su vida para el momento en que volvería a ver a Sundown Brady. Con los años, cuando no había estado entrenando para matarlo, se había imaginado todos los escenarios posibles, encontrándose por un accidente, entrando en su casa en pleno día para matarlo mientras dormía, en un bar lleno de humo donde se acercaría a él y lo apuñalaría en el corazón para después ver como moría en agonía, incluso en un cine abandonado donde lo encerraría y le prendería fuego con él dentro, siempre con él pidiendo clemencia, pero ninguna de esas escenas la había preparado para esto.

Por una parte, era mucho más grande de lo que ella recordaba, no solo en altura, si no también en su bien formado y musculado cuerpo de un modo que muy pocos hombres podían compararse. Era el tipo de cuerpo que podía partirla en dos si se acercaba demasiado. Su pelo oscuro caía por sus orejas y parecía necesitar un corte de pelo, tenía una barba de dos días que le hacía sombra a una cara tan perfectamente formada que no parecía un hombre real. Sus ojos negros no decían nada, absolutamente nada.
Incluso con sus nuevos poderes, no estaba muy segura de poder pelear contra él, no sería fácil de vencer. Lo más probable es que ella cayera con él, pero en lo único que debía pensar era en sus padres y la manera tan despreciable que habían muerto en sus manos y la furia que ella sentía no aceptaría intimidaciones o negaciones. Exigía su sangre, Sundown Brady iba a morir esta noche y ella iba a ser la mano ejecutora.

Jess se detuvo cuando vio a la mujer de cerca, su pelo se apartaba en una coleta apretada revelando sus rasgos exóticos, vestida con unos vaqueros y una camisa color purpura oscuro, estaba armada de la cabeza a los pies, pero eso no fue lo que lo detuvo, por un momento, pudo jurar que veía la cara de Bart.

El tiempo se detuvo mientras asimilaba todo. Sus ojos eran como los de un gato de color azul profundo, el hoyuelo en la barbilla, lo miraba como si pudiera matarlo, era como si volviese a estar tirado en el suelo mirando a Bart justo antes de que volviera a apretar el gatillo.

-¡Hijo de puta!-le grito.

Era una voz demasiado familiar, una que le trajo recuerdos insoportables, antes de que pudiera hacer nada, ella se lanzó sobre él.

Jess saltó hacía atrás y se giro, enviándola hacia la pared, miro a los dos Daimons que se mantenían fuera de la pelea por alguna razón, pero no tuvo tiempo de pensarlo porque ella ya volvía a por él atacándolo con un negro KA-BAR.

Bloqueó la espada con su antebrazo y le agarró la mano. Mierda, era fuerte, de una manera sobrenatural, por no decir que lo estaba pateando, luchaba como un gato salvaje bien entrenado.

-¡Suéltame!-le grito dándole un cabezazo.

Le dejó confundido pero se negó a soltarla, era demasiado rápida y estaba demasiado cerca, si la soltaba, le iba a golpear en un sitio que dolería. Ella miro por encima de su hombro a los dos que estaban apartados.

-¡Cogedlo!

Genial, la echó a los Daimons y chocó con ellos, pero no les hizo retroceder. Volvió a sonarle el teléfono avisándole de que se estaba quedando sin tiempo, aunque podría esconderse aquí, no quería correr riesgos, la policía y los trabajadores solían pasar por las alcantarillas y no necesitaba que alguno de ellos lo encontrara lleno de armas.

O peor, una inundación, Lionel le había advertido sobre buscar refugio en un alcantarillado la primera noche que estuvo aquí, todos los años había un número de vagabundos que moría por inundaciones, aunque sabía que no podía ahogarse, el agua podría arrastralo a la luz, lo que acabaría con él.

Tenía que salir de aquí y rápido.

Lo malo era que no podía matarla, los Cazadores Oscuros no mataban a humanos, incluso cuando los atacaban, era una regla estúpida, de acuerdo, pero si la infringían, Acheron les patearía el trasero y luego estaba el hecho de que sospechaba quien era, aunque no estaba seguro de si acertar o no.

-¿Abigail?
La rabia oscureció sus ojos.
-Me recuerdas.
¿Como podía olvidarla?
-Pensaba que habías muerto.

Lo atacó con una furia que venía desde lo más profundo de ella, era la misma fuerza que él había tenido el día que había ido a por Bart. Ahora que sabía quien era, no podía hacerle daño. No podía respirar por las emociones que lo abrumaban, la tranquilidad, el dolor y la profunda necesidad de no dejar que acabara con su vida.

-¿Debo suponer que tu has estado matando Cazadores Oscuros?
Ella levantó su barbilla orgullosamente mientras se movía sobre él.
-Con gusto, pero ha quien quiero es a ti.
¿Porque? Todo lo que había hecho era protegerla a ella y a su familia.

Él la agarró del brazo y la atrajo más cerca.
-Bueno cariño, si era lo que querías solo tenías que haberte presentado desnuda.

Ella frunció los labios antes de atacarlo con más saña, se tambaleó ante un par de golpes bien dados, estaba muy bien entrenada, pero él también lo estaba. Jess giró el cuchillo en su mano y consiguió finalmente cogerla entre sus brazos, era más difícil de agarrar que un cerdo hambriento y engrasado, por suerte, tenía experiencia en coger cosas indomables, pero si hubiera sido un humano, ella se habría liberado y le habría atacado de nuevo. Él miro a los dos Daimons.

-Un paso y le corto el cuello.
Ellos cambiaron una mirada preocupada.
-Lo digo muy enserio.-aseguro al ver que iban a atacarlo.

Aumento la presión en la carótida y la yugular, en cuestión de segundos, estaba inconsciente, sin confiarse, espero un poco más en caso de que estuviera fingiendo, a estas alturas, no sabía que esperarse de ella, una vez seguro, la dejo en el suelo.

-Muy bien, chicos, que sabéis.

En el momento que él dio un paso adelante, ellos corrieron dentro del túnel. Por lo menos no eran Daimons infectados que podían convertirlo. Comenzó a ir tras ellos pero lo pensó mejor, estaba muy cerca del amanecer y ahora tenía el mayor premio, la mujer que los estaba cazando.
Una mujer que había conocido hace mucho tiempo...

-No puedo creer que sigas viva.

¿Pero como? Tenía tantas preguntas que lo mareaban. Lo mejor sería interrogarla y saber que estaba pasando y porque había tanto rencor hacia ellos. Con la esperanza de no arrepentirse de lo estaba a punto de hacer la cogió en brazos y se la llevo de nuevo a la calle, ahora que no estaba tratando de ponerle las pelotas en la garganta se dio cuenta de lo pequeña que era, bien formada, pero pequeña, igual que Matilda.

Se arrepintió de su comparación rápida, no tenía nada que ver con su apacible de voz suave prometida, nadie podía compararse a ella, fue por eso por lo que se enamoro de ella y por lo que todas estas décadas más tarde todavía le dolía la perdida de su amistad.

La mujer en sus brazos era un mundo que nunca había conocido, traidora, letal, solo confiaba en ella misma, él no podía olvidar todo lo que había hecho y ella lo quería muerto, si la dejaba podría matarlo y seguir adelante a por sus compañeros.

Las buenas acciones no quedan sin castigo.

Él la había protegido, a ella y a su madre, ¿y como le pagaba? Intentando matarlo, tipico. Jess salió de aquel lugar a tiempo de ver el cielo comenzar a aclararse.

Mejor date prisa, el tiempo se acaba.

No fue muy lejos cuando vio un coche de policía en la calle.

Joder.

¿Cuales eran las probabilidades de que pasara y no lo viera? Seguramente tantas como que pensaran que llevaba a su esposa de vuelta a casa después de una borrachera.
Si... llevaba tiempo sin tener tanta suerte.

-Espero que no tenga la ventana bloqueada.-susurro entre dientes.

El coche patrulla se detuvo.
-¡Eh!¡Ven aquí!

Era bueno saber que su mala suerte seguía siendo estable en su vida.

Jess apretó su agarre en Abigail mientras sopesaba sus opciones, ninguna era buena, especialmente desde que tenía un arsenal de armas bajo su abrigo, estaba seguro que tendrían algo que decir sobre eso si lo descubrían. Asegurándose de parecer indiferente, se acercó al coche.

-¿Si, señor?
El oficial miro a Abigail.
-¿Tiene algún problema?
Uh, si, me estáis molestando cuando debería estar en casa disparandole a algo.
Jess se obligo a si mismo a permanecer calmado.
-Demasiada bebida, estaba llevándola al casino donde estamos hospedados.
El hombre lo miro con recelo.
-¿Necesita un médico?

No, lo que necesitaba era un descanso.

-No gracias, oficial, ella estará perfectamente, bueno la resaca será dura, estoy seguro, pero después de un par de horas, estará como nueva.
-No se, George.-le dijo el otro oficial desde el asiento de al lado.-Quizá deberíamos comprobarlo por si acaso, lo último que necesitamos es que la este secuestrando y dejemos que se vaya con ella, imaginate la pesadilla que sería si fuese un asesino en serie o un violador.

Jess tuvo que reprimir un insulto al idiota paranoico, si la estaba secuestrando, pero la asesina en serie era ella, no él.

-Hola Jess.

Giro su cabeza para ver a otro policía que se acercaba desde la acera, por lo menos a este si que lo conocía.

-¿Kevin, como estas?
Kevin se puso entre Jess y el coche de policía.
-¿Hay algún problema?-pregunto a los policías.
¿Que era el lema de la academia o que?
-No.-dijo el oficial desde el coche.-Vimos que cargaba con la mujer y quisimos asegurarnos de que todo estaba bien.

Gracias a dios que ni él ni Abigail tenían restos de sangre o heridas ni sus ropas estaban rotas por la pelea, habría sido mucho más complicado de explicar, en realidad la ropa de Abigail estaba igual de arrugada que si se hubiera pasado con la bebida.

-Ah.-dijo Kevin arrastrando la palabra.

Le hizo una señal a Jess con su barbilla y miro a los oficiales.
-No te preocupes, Jimmy y yo nos encargamos.

Jimmy, el compañero de Kevin, apareció detrás de Jess y saludo a los dos oficiales, que parecían aliviados de poder pasarle el problema a otra persona.

-Bien, gracias por ahorrarnos el papeleo, nos vemos luego.

Y el coche arrancó, girándose, Kevin clavó su mirada en Jess y la mujer que estaba sosteniendo.
-¿Tengo que preguntar?

Jess cambió un poco el peso de Abigail.
-No si quieres mantener tu trabajo y no me refiero al que no te permite mantener tu casa de un millón de dolares.

Su teléfono empezó a sonar en aviso al amanecer, tampoco le hacía falta, el cielo estaba volviéndose terriblemente clareado. Kevin lo miro como si pudiera leerle la mente.

-¿Estas demasiado cerca del amanecer no?
-Más de lo que me gustaría.

Jimmy le hizo una señal hacía su coche que estaba a pocos metros de ellos.
-Vamos, te dejaremos en casa a tiempo.
-Gracias.

Por fin podía respirar tranquilo. Eso también le evitaría tener una pelea sobre su bici para mantenerla allí ya que podría despertarse en cualquier momento, debía admitir que tener escuderos policías era de lo más practico, era una de las cosas buenas que Sin había hecho en esta ciudad. En Reno, no tenían estos escuderos, en cambio este lugar estaba protegido hasta el extremo. Jimmy le mantuvo la puerta abierta para que Jess subiera a la parte de atrás dejando su paquete a su lado e intentando no darse cuenta de lo hermosa que era. Debía estar seriamente mal de la cabeza para mezclar en sus rasgos a la persona que alguna vez había amado y la persona que más había odiado.

La vida no era justa.
Y nunca era simple.

Kevin y Jimmy se metieron en el coche y colocaron la sirena, llamaron a sus reemplazos y se marcharon a toda velocidad a su casa.

-Os agradezco todo esto.
-Sin problema.-dijo Kevin sonriendole.- Es divertido correr por las calles sin que estemos en una persecución, es como ser Speed Racer.

Jess se sintió en cuanto pasaron la rampa interestatal.
-¿La autopista será más rápida?
Jimmy sonrió.
-Para ti si, civil. No tenemos que parar con los semáforos.

Tenía sentido, normalmente Jess tardaba veinte minutos en llegar desde el centro hasta sus once hectáreas en Tomiyasu Lane (dependiendo de donde empezara) pero tardaba más tomando la interestatal. Si no paraban para los semáforos, debería llegar a su casa más o menos en el mismo tiempo, tal vez menos.
Con algo de suerte igual no se prendía en llamas en el asiento trasero del coche, lo que sería muy complicado de explicar a comandante de guardia, aunque sería divertido ver como lo intentan si no estuviera él en el juego. Kevin miro a Jess por el espejo retrovisor.

-Así que, ¿quieres hablar sobre ella?
-No.

Jimmy se rascó la parte posterior de su cuello.
-¿Vamos a tener que presentar un informe de personas desaparecidas para ella?
-No creo, estaba con unos Daimons, no creo que normalmente os llamen.

Y él sabía que ella no tenía familia, a no ser que se hubiera casado, se quedó sin aire al comprender que ahora no sabía nada de ella, infiernos, podía haberse casado con un Apolita o con un Daimon, el pensamiento lo puso enfermo, aunque a veces los humanos se enamoraban de ellos por una razón o por otra.

Podría ser madre...
Seguramente no habría estado en la calle persiguiendo Cazadores Oscuros si lo fuera, ¿verdad?
Jimmy se volvió mirándolo a través de él.

-¿Es ella la humana que os esta matando como dijo el Oraculo?

Debería callarme, ahora toda la red social que usan los escuderos estará parpadeando como un árbol de navidad.

-Creo que si, pero me gustaría que esto quedara entre nosotros hasta que pueda hablar con ella e interrogarla.
-Seguro.-Jimmy golpeó a Kevin en el brazo.-Dije que era real, me debes veinte dolares.
-Si, si, lo que sea.-se quejó Kevin.

No dijeron nada más mientras pasaban por South Las Vegas Bulevard, Jess sintió un hormigueo familiar por la parte posterior de su cuello. El sol estaba saliendo. El cielo se estaba aclarando con cada latido de su corazón y todavía estaban a un par de millas de casa. ¿Peor? Tuvo que golpearla otra vez cuando la noto empezar a despertarse. Jess frotó su dedo pulgar y el indice juntos, una manía que había desarrollado como pistolero, era la misma sensación, un error, un fallo y sería historia.

Solo que esta vez, no confiaba en sus instintos para sobrevivir, confiaba en los de ellos...
Los primeros rayos de sol aparecieron mientras ellos llegaban a la puerta de hierro que protegía la entrada a su casa. Jess salió del coche y usó su aplicación de iPhone para abrirlo, también abrió las puertas del garaje.

Vamos, venga...

Su piel ya estaba ardiendo, no tardaría mucho en morir, Kevin les disparó antes de que terminaran de abrirse y siguieron su camino hasta la entrada. Demasiado tiempo, notó que Kevin los había cubierto pero aún así no era bastante. ¿Porque demonios había comprado una casa con un camino de dos millas? Vale, un poco exagerado, pero maldita sea. Pareció eterno hasta que estuvieron dentro del garaje.

Jess se relajo y se apoyo en su asiento.
-Es lo más cercano al bacón en lo que me quiero convertir.
Sin hacer ningún comentario, Jimmy abrió la puerta y lo dejo salir.
-¿Necesitas ayuda con ella?
Él negó con la cabeza.
-No, la tengo, pero gracias.

Jess la acababa de coger y se dirigía hacia la casa cuando Kevin se puso en su camino, el escudero le tendió unas esposas.

-¿Las necesitaras?
Eso hizo que se riera.
-Creo que puedo manejar a una potranca sin ellas.

Por otra parte, debido a la paliza que le estaba dando antes, igual tendría que repensarselo.
El orgullo precede a la caída...
Kevin las volvió a guardar en su bolsillo.

-Esta bien, te vemos luego.

Jess inclinó la cabeza como despedida antes de llevarsela a casa, pero se detuvo en la puerta, ¿que debía hacer con ella? No había pensado en eso, debería haberlo pensado en el coche, pero estaba demasiado preocupado en no acabar chamuscado.

Su mejor opción era meterla en la base con él, había muchas habitaciones donde tenerla encerrada y lejos de cualquiera que quisiera liberarla antes de que él pudiera liberarla, o peor, que le hiciera daño a Andy para poder escapar.
Eso no era una opción.
Bien de vuelta al plan, la llevo a sus dominios.
La llevo al ascensor escondido en lo que Andy llamaba seis mil pies cuadrados, no había sido fácil encontrar una casa en Las Vegas con una base, especialmente tan grande y menos con casa y un establo para sus caballos, la primera vez que Andy se lo dijo, pensó que bromeaba.

Pero no estaba bromeando. La casa era en realidad de sesenta y cinco mil metros cuadrados, setenta y dos mil desde el techo, increíble lo que un hombre haría por sus caballos. Infiernos había vivido en pueblos más pequeños, pero era la casa perfecta para él, le permitía estar bajo tierra sin que lo interrumpieran, ahí abajo no estaba encerrado por la luz del sol, podía vivir casi una vida subterránea normal.

La casa tenía un total de dieciocho habitaciones, con tres en la base, la llevo a la más cercana a su cuarto y la dejo en la cama, empezó a alejarse, pero algo hizo que se quedara a su lado, parecía tan frágil, aunque el dolor de su mandíbula por el puñetazo de ella allí le decía todo lo contrario. ¿Que le habría hecho perseguirlos? Los Daimons deben haberle mentido, lo hacían muy a menudo, muchos humanos habían sido usados sobre los años, los Daimons les prometían vida eterna y al final los mataban cuando ya no los necesitaban.

Pero su enfado era mucho más profundo, luchaba como si fuera algo personal, él suspiro al recordar la última vez que había visto a sus padres. Esa había sido una mierda de noche, a día de hoy, todavía podía ver las manchas de sangre que cubrían el cuarto, la sangre que lo cubría a él...
No había señales de Abby en la casa por mucho que él la buscara, deseaba que hubiese estado en casa de alguna amiga, lo que más lo perturbaba era imaginar que había estado allí, que los había visto morir, eso lo ponía enfermo, ningún niño debería ver esos horrores, como él deseaba que Artemisa le mostrara que había pasado después de sus muertes.

Algunas memorias era mejor no tenerlas y cuando la policía no fue capaz de encontrarla, todos asumieron que había muerto y ahora aquí estaba...

Crecida y dando patadas.

Frunciendo el ceño, le acarició la mejilla, tenía la piel más suave que hubiese tocado jamás, suave, invitadora, caliente, adoraba como la piel de una mujer se sentía en un manos, no había nada mejor. Sus rasgos eran exóticos e intrigantes, tan diferentes de Laura y al mismo tiempo, podía ver tanto de Laura que le llenaba el corazón. Laura había sido el cielo y el infierno para él, a su alrededor se sentía conectado al pasado y la conexión lo había herido tanto como lo había consolado, trato de dejarla ir, pero no pudo.

Ahora deseaba haberlo hecho.

Puede que Abigail hubiese tenido una vida normal, una mujer de su edad debía estar con sus amigas, divirtiéndose y disfrutando su juventud, no persiguiendo Cazadores Oscuros, ni matándolos. Sus labios formaron una sonrisa al ver su cola de caballo, no sabía porque pero le recordaba a cuando era niña. Tenía tanto carácter entonces era algo raro que sentirse atraído por ella ahora, habiendo estado en su nacimiento, trato de no pensar en cada vez que estaba con una mujer, le molestaba, podría ser tu tatara-tatara-tatara abuelo.

Pero él tampoco era un ser altruista que se mantenía en el celibato, un hombre podía hacer muchas cosas, especialmente cuando no sabían que edad tenía, para ellos solo era un hombre de unos veinticinco años que conocían en un bar y las llevaba a casa.

Aunque Abigail si lo sabía y lo odiaba por eso, movió su cabeza hacía él y cuando vio sus ojos medio abiertos...

Se retiro.
¿Que demonios? Su corazón empezó a latir con fuerza, cuidadosamente levanto uno de sus parpados, y miro sus ojos rojos con lineas amarillas pasando a través de ellos.

No era humana después de todo, por lo menos no del todo.

Genial, esto era malo, realmente malo, ¿Era ella el enemigo de occidente del que Ren ha estado hablando? Las profecías y los oráculos nunca le habían parecido más reales. Tratando de desentrañarlos hasta la mente más valiente acabaría con una migraña de nueve días y él estaba demasiado cansado para pensar, necesitaba dormir antes de hacerle frente a esto, o por lo menos, un descanso...

La tapo con una sabana y después se aseguro de que ella no pudiese salir de ese cuarto hasta que él estuviera preparado para dejarla ir. Cuando llego a la puerta, bajo las luces lo suficiente para que ella pudiera ver donde estaba cuando despertara, pero no demasiado brillantes para molestarla.

Él la miro y la respiración se le quedo en la garganta, con esa luz y la cabeza inclinada se parecía tanto a su madre que lo dejo confundido y lo transporto en el tiempo.

Vio a Matilda, sentada en la orilla del arroyo donde lo había llevado para un día de campo después de su compromiso, estaba tan cálida que se había quedado dormida mientras él le leía unas de sus novelas favoritas, su belleza serena lo había encantado y se había pasado horas mirándola rezando para que la tarde no terminara.

Te amo, William.

Todavía podía oír su voz, ver su hermosa sonrisa, tragando el nudo en su garganta movió su cabeza para borrar el recuerdo.

Abigail no era Matilda.

Pero tumbada ahí, sin mostrar su odio por él, era igual de hermosa y le hizo sentir emociones que había enterrado hace mucho tiempo.
No queriendo pensar en ello, se fue a su cuarto y se quito la chaqueta y las armas. Mientras se desvestía para meterse en la cama sus pensamientos se arremolinaban a su alrededor pensando en que podía haberle pasado a ella.

Donde había estado todo este tiempo, debía haberla buscado, bueno, no, habría conseguido su dirección y habría descubierto si era soltera o se había casado. Sintiéndose como un idiota, volvió al cuarto en busca de algo que pudiese ayudarlo.

Cuando abrió la puerta, se quedo totalmente quieto.
La cama estaba vacía y ella no estaba por ninguna parte.

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