-Historias Dark Hunter- Capitulo 56 Por Briseida

miércoles, agosto 03, 2011

-¡¡Por todos los dioses existentes!!- Briseida se recogió el pelo mientras miraba desde la azotea en la que estaba apostada con una pierna apoyada en el borde del muro mientras miraba hacia abajo, hacia las calles de la zona norte.
Llevaba puesto un corsé negro que se ceñia a la perfección a su cintura y subía su busto de manera que aumentaba su pecho considerable. El problema en realidad no era que fuese vestida de manera provocativa, no, el problema era que por primera vez en 2000 años sentía un calor agobiante, un calor que se le hacia sudar y que su pelo recogido en una larga trenza se pegase a su nuca y a su sien.
- Debe ser este maldito lugar- Se sentía inquieta y agresiva. Podía percibir las emociones de lo caminantes, la pena, la euroforia, el miedo por aquel acontecimiento que habia vuelto por unos instantes el día en noche.
Se limpio la frente y noto la boca reseca mientras se concentraba en un punto en concreto, o mejor dicho lo intentaba. Se pasó la lengua por los labios y se notó los colmillos más largos.
-Sólo me faltaba convertirme ahora en un puto lobo- Se miró escéptica la piel del brazo por si las moscas y de repente miró a un punto de un callejón donde desde esa altura se podía ver como se abría un portal y de el salían unos cuantos daimons deseosos de coger alguna victima.
Pues se iban a encontrar con que ese iba ser el último “día” que iban a ver.

Engancho el arnés a un enganche de su cintura y miró el nudo de seguridad que había hecho en la cuerda, la sacudió y subió al muro de forma despreocupada para calcular la distancia, torció los labios en una sonrisa y gracias a ello se le vio a la perfección un colmillo – perfecto- Agarró la cuerda con la mano izquierda en la que tenía un guante de cuero sin dedos y se lanzo dando un paso decidido al vacío.
Cuando la cuerda se tensó tiro hacia un lado de la cuerda sobrante y su pies tocaron la superficie del edificio, eso hacia que bajase corriendo por la pared y que sólo la frenase la cuerda engancha a una parte de su cintura.
Cuando llegó a un metro del suelo tensó la parte de la cuerda que tenía en su mano, paró en seco y con una voltereta calló mirando hacia la parad con los pies en tierra.

- No se si te dije alguna vez que me ponen las mujeres que disfrutan del riesgo- Savitar estaba abajo, sentado en un cubo de basura balanceando sus piernas de manera despreocupada. Vestía con unas bermudas de flores hawaianas y una camiseta blanca nuclear, en sus manos llevaba una pelota de béisbol que dejaba caer al suelo para luego recoger y volverla a dejar caer.
- Savitar!!- Briseida se quedó de piedra cuando vio a uno de sus mentores allí. - ¿! Pero que haces tu aquí ahora¡?

- Vaya, esperaba por lo menos un abrazo o… un… ¿Qué tal estas? – Savitar torció el gesto mientras la miraba de arriba abajo, dejó de botar la pelota y dio un salto para bajar del cubo donde estaba sentado.

- Yo.. Lo siento pero es que ahora tengo trabajo y no esperaba que salieras así de la nada…

- Estas cambiando Briseida- Sonaba afirmación más que a pregunta. – Sientes más las cosas tu empatía aumenta, incluso el roce del aire te afecta ¿verdad?. – se acercó a Briseida con tranquilidad y con cuidado puso un mechón de la mujer tras de la oreja, provocándole que la piel se le pusiera de gallina.

- ¿Cómo es que sabes todo eso? … si es cierto que estoy desarrollando más mis poderes pero creo que esta vez me esta costando demasiado controlarlo, no se que me pasa exactamente-

Savitar suspiró, pensaba matar a Jaden por no decirle lo que le estaba pasando o mejor dicho estaba apunto de pesarle. Estaba tentado por la necesidad de cogerla sin más, llevársela y explicarle las cosas con más tranquilidad. – No se si es buena idea que estés aquí ahora Briseida –

Briseida zurció el ceño, lo miró por unos instantes para luego desenganchar el arnés de la cuerda y volver a mirarlo. – ¿Por qué? Como a estas alturas me digas que temes por mi vida me va dar un ataque de risa Savitar

-No por la tuya no, por la gente a la que proteges o que te rodea sí-

- ¿Sabes? Odio cuando os andáis con rodeos, ¿Por qué por una vez no podéis para variar decir las cosas directamente?.. ¿Qué pasa, son cosas de la edad? O es la tontería que se pega con el tiempo? Jaden hace exactamente lo mismo y empiezo a pesar que lo hacéis para fastidiarme.

- precisamente en fastidiarte no es en lo que pienso Briseida,- sonrio de una manera que podia hacer que cualquier mujer dejase un charco de babas en el suelo – pero debes decirle a Jaden que te cuente de una vez, es hora de que sepas y te cuente lo que te esta pasando y por que. Ahora te dejo creo que van a venir un par de olas estupendas y no quiero perdérmelas. Y otra cosa, se han ido a la hacia sur…- Le guiñó un ojo contestando a la pregunta que se estaba haciendo Briseida sobre hacia donde se habían ido los daimons y desapareció sin más, dejando un olor especial a mar, olas y playa.


El olor a sangre la llevaba hacia un callejón, la hacia correr como nunca y esquivaba gente que miraba hacia el cielo o se paraba simplemente a causa de la oscuridad.
Cuando Briseida llegó al callejón y los cuerpos que yacían en el suelo no paró, hasta que vio a la mujer embarazada, entonces se paro y se inclino apretando los dientes y comprobó que tenía la garganta desgarrada y niño había perdido la vida y el alma junto a su madre. Una imagen se cruzó por su mente y le hizo rechinar los dientes, miró al final del callejón, y vio que había un grupito de daimons forcejeando con una mujer, la última al parecer de sus victimas.
Caminó despacio, con una tranquilidad que provocaba inquietud, se sacó dos dagas, que no tardo en lanzar a uno por que pretendía hincar el diente en el cuello de la mujer inmovilizada contra la pared. Una de las dagas se clavó en su nuca, le atravesó con tanta fuerza que le salio por la boca. La segunda daga fue a parar a la zona del corazón también por la espalda. Con un movimiento de la mano retorció las dagas gracias a su telequinesia y sonrío cuando escucho el gorgojeo que salía de su garganta al intentar gritar.
Briseida miró al spatí con regocijo – tú vas a ser el último – se relamio y miró hacia la mujer que hacia que sus poderes de debilitasen

Laucrep pareció sorprendida, tenía la cara salpicada de la sangre del daimon que poco a poco se iba al suelo de rodillas y dejo de presionarle en uno de los brazos. Miro al otro que ya giraba la cabeza para mirar a Briseida y sin pensarlo le soltó un cabezazo que hizo sonar un crac en su zona nasal a de más de retirarlo por el impulso, sacó la daga clavada en el cráneo del daimon que caía de rodillas y la clavo en el pecho del daimon al que acababa de romper la nariz.

Cuando Laucrep volvió a mirar a Briseida la sonrisa de gratitud se convirtió en horror.
Briseida tenía a otro daimon agarrado por el cuello para sostenerlo, pues sus piernas parecían flácidas y retorcidas como si se hubiesen roto por varios sitios, al igual que los brazos que no podía mover por el mismo motivo. Estaba desgarrándole la garganta de forma brutal, sus ojos se habían puesto totalmente negros no había ninguna clase de color en ellos ni transmitían ninguna clase de emoción.
Cuando sintió que al cuerpo ya no le quedaba más sangre lo dejó caer al suelo y con la punta de la bota que llevaba armada le dio un punta pie y el daimon se convirtió en ceniza al instante.

Cuando Laucrep se dio cuenta de la situación susurro – madre del amor hermoso – Vio como el espati trataba de esquivar los ataques de Briseida hasta que lo lanzó por los aires y fue a por el como una posesa a arrancarle el corazón y comérselo.

Cuando Briseida se levantó aun comiéndose las entrañas del spatí miro a Laucrep con sonrisa siniestra - ¿Quieres jugar conmigo?- ladeo la cabeza mirandola y caminó chorreando sangre por las comisuras de la bocay se dirigio hacia la cazadora.

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