-Historias Dark Hunter- Capitulo 60 por DangerMel

viernes, agosto 12, 2011

Ya no lo aguantaba más. Quería salir de Kalosis aunque solo fuera unas horas, airearse y sobretodo perder de vista al cabró*n Tegan.

No lo soportaba, lo odiaba con todas sus fuerzas, al igual que él a ella. Todo el amor que alguna vez ella hubiera sentido por el había desaparecido viéndose transformado en un odio que la desquiciaba por tener que permanecer a su lado.

Ahora, por el único hombre que su corazón lloraba, era por Zarek.

Cuando ella recibió los disparos por parte de Kyrian, lo único en lo que pensó era en Zarek y la cara que puso al verla. El cazador la había mirado con un dolor que le traspasaba todas sus barreras, y justo cuando se disponía a decir algo, Tegan salio por el bolt-hole y se la llevó de vuelta a su cárcel. Esperaba que Kyrian no hubiera recibido sus balas multiplicadas por diez, ya que aunque él le hubiera atacado a ella, se lo perdonaba, porque el si que estaba cumpliendo su misión de proteger a la humanidad. Y tal y como estaban las cosas ella sería perseguida.

—Unos minutos más, y los dos estaríamos muertos, ¡pedazo de gilipollas!— gritó mientras la tiraba al suelo—. Pero al menos he cumplido mi cometido. Ahora todos tus amiguitos te odian y quieren matarte. ¿Mola eh?— su sarcasmo la estaba desquiciando, pero no tenía ni el valor de rechistar.

Esas palabras le habían calado muy hondo haciéndole daño. Pero lo que más le dolía era la verdad teñida con ese tipo de palabras punzantes.
La odiaban, su sitio ya no estaba con los cazadores. Su sitio estaba, siendo la **** de su ex marido para que este le diera su sangre y ella la suya.

En eso se había convertido su vida a los pocos días de llegar a nueva Orleans. Si le hubieran dicho que una cosa así pasaría, se hubiera quedado en Barcelona tranquilamente.

Se quito esos pensamientos inmediatamente de la cabeza.

No. Ella no era así. Ella era una guerrera, y si las Moiras querían esto para ella, alguna razón tendrían que tener. Las muy zorras se divertían haciendo sufrir a la gente y parecía que se habían puesto de acuerdo, en hacer la vida imposible a los Cazadores y ella todavía entraba en ese pack.

Se levantó de la cama para ir al baño y relajarse con una buena ducha. Le dolía todo el cuerpo, sobretodo bajo su pecho, donde todavía estaba la herida de la bala, ya que Tegan no había querida alimentarla para que se recuperara con más rapidez.

El agua caía por su cuerpo, actuando con fuerza sobre sus hombros tensos, buscando la relajación que no parecía querer llegar. Tenía que estar siempre en alerta en ese sitio. No se fiaba ni de su sombra.

El día del eclipse ya había finalizado, aunque ella ni siquiera había salido de allí, pero había llegado a escuchar que sus antiguos compañeros Hunters, habían hecho un gran trabajo con los Daimons.

Se vistió con su ropa habitual. Unos leggins de cuero y su querido corsé del mismo material que realzaba su busto y se sentó en el raído sillón de su celda.

Su mente comenzó a vagar por todo lo que le estaba ocurriendo. Pero todo derivaba a una misma persona…Zarek.

Sentía la necesidad irrevocable de verlo, quería hablar con el, besarlo. Sentir como sus brazos la rodeaban en un intento de hacerla sentir mejor.
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. No sabía lo que le estaba pasando con él, pero su corazón sentía un vacío al no tenerlo cerca. En realidad siempre lo había sabido, el era él único que siempre había estado a su lado en las pocas veces que se habían visto, y siempre habían sido inseparables. Y cuando se separaban, ambos notaban su ausencia.

Se habían querido convencer de que entre ellos no había nada relacionado con el amor. ¿Pero a quien iban a mentir?

Por lo menos ella, sabía que había algo más que una amistad con derecho a roce.

—¡Melanie amor mío!— Tegan entró canturreando con inocencia— ¿Tiene hambre mi niña?
—De lo único que tengo hambre es de tus entrañas— gruñó —¿Qué cojones quieres?

Se secó las lágrimas de los ojos con rapidez. No quería mostrar ningún tipo de debilidad ante él.

Tegan se acercó a ella y la observó con burla. Había captado sus lágrimas.

—¿La princesita está llorando? Poooooobrecita — murmuró alargando la palabra—. Debe ser muy duro, que sus super amiguitos del alma quieran matarla.

Dangermel se levantó inmediatamente del sillón y placó contra Tegan, lanzandolo al fondo de la habitación formando un buen estruendo. Con su mente alzó la estantería que estaba a la derecha de Tegan, y se la lanzó encima.

—*****!— el gruñó intentando apartar el pesado mueble de encima suyo, pero Mel seguía manteniendo la presión con su poder.

Una idea acababa de cruzar la mente de la Cazadora, y no pensaba desaprovecharla.

Se acercó lentamente manteniendo inmovilizado a Tegan, y se agachó hasta estar a escasos centímetros de su rostro.

—Ahora me obedecerás— sus pupilas se dilataron, hasta el punto más extremo. Tegan la miraba como embelesado sin decir ni una palabra—. Abrirás un Bolt-Hole para mí que me deje en Nueva Orleans. Cuando yo desaparezca, te irás a tu habitación y te encerrarás allí creyendo que yo sigo aquí comportándome como una niña buena.


Danger dejó de hacer presión con el mueble y Tegan se levantó sin decir una palabra. Abrió el Bolt-hole y dejo que ella se marchara, para irse a su habitación y quedarse allí como si no hubiera pasado nada.

En momentos como ese le encantaba su poder de controlar la mente. Al principio no lo había utilizado por miedo a no conseguir nada. Con muchos Daimons de fuerte mente no conseguía nada y pensó que a lo mejor Tegan estaría protegido contra eso, pero se había arriesgado y había ganado.

La madriguera la dejó cerca del cementerio de Lafayette y un estremecimiento le recorrió el cuerpo entero. Salió de allí corriendo como alma que lleva al diablo. No volvería a pisar ese cementerio en su vida. Allí había comenzado toda su desgracia.

Con razón Acheron decía de encargarse el de los cementerios, pero claro…ella como era más chula que un ocho, había tenido que ir para hacerse la valiente, y así había acabado.

Corrió por las calles de Nueva Orleans hasta dirigirse casi a las afueras, donde entre la maleza de un pequeño bosque, se encontraba la casa de Zarek.

Esperaba que estuviera en casa, necesitaba verlo. Necesitaba saber que estaba bien.

Se acercó a la verja de entrada y la abrió con inseguridad. Llegó a la puerta y alargó la mano para tocar el timbre, pero no se atrevía.

Su mano temblaba. En realidad no debería estar allí. ¿y si Zarek también quería matarla? ¿Y si su posición como Dark Hunter era más importante que ella?

Seguro que sí. Zarek era una unidad. Iba por separado, y aunque no fuera de los que acatara las normas, seguramente la de “asesinemos a Dangermel por traidora” la llevaría a rajatabla.

Dispuesta a marcharse de allí por lo que podría pasar se giró y oyó el ruido de la puerta abrirse.

—¿Mel?— la voz de Zarek sonaba insegura—¿Eres tu?
—Esto yo… ya me iba. No debería estar aquí…— se giró para marcharse pero Zarek la agarró antes de que diera un paso más.
—No…no te vayas— su tono sonaba casi suplicante—. Entra por favor.

Mel asintió y entro lentamente dentro de la casa.

Días antes se había sentido a la perfección en ese sitio, pero ahora se sentía como una visita non grata y que sobraba.

Zarek se alejó unos pasos de ella, dejándola en la entrada donde ella miraba al suelo, sin el suficiente valor para encararse a él.

Esa no es mi Mel, pensó Zarek para sus adentros.

—¿Qué esta pasando Mel? ¿Por qué te has aliado con el enemigo?— ella se mantuvo en silencio. No se veía capaz de explicar las cosas.

Se debatía entre contarle la verdad. Pero si lo hacia estaría poniendolos en peligro a todos y eso si que no lo quería. Bastante estaba haciendo ya.

—No puedo decirtelo Zarek…pero no puedo cambiar nada de lo que he hecho y estoy haciendo.
—¡No me vengas con esas joder! Atacaste a Melo. Atacaste a Fletcher. Todos los cazadores van a por ti. ¿Te has convertido en una **** asesina de los tuyos o que? NO te entiendo Mel, de verdad. Creí que eras de los nuestros. Como **** has sido capaz de irte con los Daimons.
—¡No lo entiendes Zarek! ¡No puedo hacer otra cosa!— gritó— Tu no sabes por lo que estoy pasando!
—¡ Claro que no lo se! Pero tu tampoco me dices nada, Mel. No puedo vivir pensando en donde **** estarás, o si estás bien o mal. No puedo creer que tu estés haciendole esto a los tuyos. ¡Son tantas cosas que no creo! Pero lo que si creo, es que te estás comportando como una cobarde Dangermel, como una Pu-ta cobarde…— finalizó.

Mel no podía creer las duras palabras que Zarek estaba soltando por su boca Le estaban entrando ganas de patearle la cabeza al Cazador. El no sabía nada…
Pero por otro lado, tenía más razón que un santo.

—¿Te piensas quedar callada todo el día? Porque si has venido para eso, ya puedes coger la puerta y dejarme hacer mi trabajo. Tus amiguitos Daimons no descansan, y siguen importunando mis noches.
—No son mis amiguitos…
—¿A no? ¿Entonces que son? ¿Tus juguetes para tus vicios?— rió de una manera que a Mel no le gustó nada—. Apuesto a que tus Daimons no follan tan bien como yo.
—Eres un jilipollas…
—Disfrutas ¿verdad? No si ya decía yo que alguna razón tendría que haber para que te fueras, y como no, el sexo es tu vicio, siempre lo has dicho y ahora te has convertido en la **** de los Daimons.
—¡Callate!— gritó. Su palabras la estaban derrumbando y hundiendo en un profundo hoyo.
—¡Oh vaya!— dramatizó—. ¿Ahora te avergüenzas? Ya no me creo nada de ti Mel, no eres nada. Así que lárgate de mi casa y vete a follar con tus querido amigos lamparones.

Se acercó a la puerta para largarse. Pero Zarek seguía con su retahíla de insultos dirigidos hacia ella y no aguantó más y explotó.

—¡¿quieres saber porque estoy con ellos?! ¡¿Lo quieres saber?!— gritó dejando a Zarek plantado en el sitio mirandola con sorpresa por su reacción tan furiosa—. Estoy vinculada a un Daimon, Zarek. Necesito su sangre para sobrevivir y me tiene atada a él y encima es el hijo de **** que me mato. Me tiene atada de pies y manos y como no le obedezca los espectros poseerán a los Dark Hunters y estaremos todos perdidos. ¿Estas contento ahora que saber la verdad? ¿Estás orgulloso por saber que soy la **** de mi ex -marido?

A Zarek estaban a punto de salírsele los ojos de las órbitas por la información que acababa de recibir. Había metido la pata hasta el fondo y se notaba por la forma en la que Danger le había hablado.
Le habían hecho mucho daño sus palabras que esa había sido su principal intención. Pero si ella se hubiera sincerado desde el principio las cosas serían completamente diferentes. Pero ahora el daño esta hecho.

—Me voy. Ha sido un grave error que viniera aquí. Me alegro que estés bien. Adiós cazador.
—Mel…— alargó el brazo para cogerla pero ella se apartó.
—No me toques. No te vayas a ensuciar tocando a la pu*ta de los Daimons— sus palabras les hicieron daño a ambos— Y ni se te ocurra decirle una palabra a nadie.

Danger salió con rapidez de la casa sin poder evitar que las lágrimas afloraran en una cascada que le nublaba la vista.

Ella había ido a casa de Zarek dispuesta a mantener una conversación dentro de los límites de lo normal. Pero se había convertido en una pelea de palabras que la habían roto por dentro.

Zarek se sentía como la peor mierda del mundo. Cayó de rodillas al suelo y se tapo la cara con las manos que estaban húmedas por las lágrimas derramadas desde que Mel se había marchado. La había cagado y bien cagada.

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