-Historias Dark Hunter- Capitulo 64 por DangerMel

viernes, agosto 12, 2011

—¡Melo!

Danger gritó con todas su fuerzas, con un fuerte aullido de dolor.

Su amiga ya no estaba allí. En su lugar estaba Desiderius y ella estaría en un rincón de su propia mente, luchando por vencerlo.
Lamentó al instante haberse desahogado con Melody. Lo único que había conseguido con, ello era liar más la cosa de lo que ya estaba.

Tegan la había pillado con las manos en la masa y ya no había vuelta atrás para lo acontecido.
Desiderius con el cuerpo de Melody le sonrío y murmuró:

—Este cuerpo me sienta de lujo. Voy a ver a mi amiguito Kyrian, ¿te parece bien Melody?— Danger notó en su mente un grito por parte de su amiga, que la rompió todavía más por dentro.

¿Que había hecho?

Tegan en silencio, la agarró y la llevó a algún lugar desconocido para ella. No era Kalosis, de eso estaba segura. Pero estaba en una especie de mazmorras, donde la empujó haciendo que cayera en un rincón lleno de polvo.
Aunque no fuera Kalosis, parecía el mismísimo infierno…

Danger se cogió las rodillas meciéndose hacia delante y atrás. Sus lágrimas eran imparables. No veía ninguna salida.
Pensó que su poder bastaría para contener a Tegan, pero estaba débil. Demasiado débil. Se sentía como una cucaracha aplastada rodeada de mierda.

—Fuiste muy tonta si pensabas que tus jueguitos mentales funcionarían conmigo

Tegan se acercó a ella y la cogió bruscamente del brazo, encadenándola en una pared de granito, que se le clavaba en la espalda.
El cierre de los grilletes le apretaba demasiado. Bueno no...
Más bien eran los pinchos metálicos que rodeaban el metal.
Su mente encajó las piezas y descubrió en que clase de sitio se encontraba.
Una sala de tortura.

—Hoy aprenderás que conmigo no se juega, Melanie. Has roto la única norma que te impuse, le has contado a tu amiguita lo que no debías y ahora ella y tú pagareis por eso— una risa maligna envolvió la celda. Parecía sacada de una película mala de terror.

Danger era incapaz de pronunciar palabra. Con la cabeza agachada y un mar de lágrimas saliendo de sus ojos, solo pensaba en el dolor que sentía en su corazón, el cual tenía la sensación que estaba hecho añicos.

—¿A quién más se lo has dicho?— exigió saber.

Ella no contestó.

—¡Habla!— gritó y con un látigo que llevaba en sus manos, le rasgó el pecho, provocando que sus rodillas fallaran y se le clavaran los pinchos en las muñecas.
Gritó de dolor.

—Tengo la eternidad para que hables Mel, no tengo ninguna prisa.
—No puedes matarme. Morirás si lo haces— habló para sacar la única baza a su favor.
—Tienes razón. Pero puedo torturarte y curarte, una y otra vez, hasta que enloquezcas. No sabes lo bien que me lo puedo pasar—susurro cerca de su oído.

Danger intentó luchar contra él, pero a cada gesto que hacía, los grilletes se le clavaban más.
Miró sus manos y vio como comenzaba a caer un reguero de sangre por sus brazos.

—Mmm… deliciosa— Tegan lamió su brazo de arriba abajo, saboreando la sangre—. Ahora dime. ¿Quien más lo sabe?
—Nadie— contestó escuetamente, llevándose tres latigazos más, por parte de Tegan.
—¡Mientes!

Claro que mentía, pero era incapaz de decirle que Zarek lo sabía. Jamás lo pondría a él en peligro, aunque no la hubiera apoyado en nada, ella no iba traicionarlo, lo quería demasiado como para hacerle eso. Era de las pocas personas que realmente le importaban.

Quería saber que estaba haciendo él. Lo había abandonado antes de ver la cara que había puesto al confesarle todo aquello. Había sido un encuentro demasiado agridulce que no podría ser borrado. Ambos se habían echo daño con sus palabras.

Tegan seguía intentando que hablara, pero de su boca y su garganta solo salían sollozos, lo único que tenia en la cabeza era a sus amigos. A Zarek, Artemisa, Laucrep, Melo... Sobretodo Melo, que estaba poseída por su culpa y Desiderius era un gran enemigo de Kyrian.
Esperaba que las cosas no se salieran de madre, pero dadas las circunstancias, ya se temía lo peor.

******

—¡Acheron!

Zarek gritaba una y otra vez el nombre de su jefe. Bueno…al que había sido su jefe, ya que en realidad seguía con los cazadores oscuros por un mínimo de lealtad y por ayudar, pero con su condición de semidios ya no le hacia falta esa vida.

—Maldito atlante… ¡Mueve tu culo hasta aquí!

Una bruma apareció ante el materializándose en ella, Acheron.

—Joder Zarek, ¿que **** quieres? No estoy para tonterías.

Zarek lo taladró con la mirada y el atlante se fijo en la cara del guerrero.
Si no lo conociera, pensaría que había estado llorando.
Su rostro enrojecido junto con sus ojos, mostraban un profundo dolor imposible de no ver.

—¿Que pasa? Estas hecho una mierda tío— dijo intentando calmar el ambiente, pero no funcionó.
—Dangermel está en peligro...está siendo coaccionada por su antiguo marido— ya estaba hecho, lo había soltado.

“Y sobretodo no se lo digas a nadie”

Esas habían sido las últimas palabras que Danger había pronunciado, antes de marcharse, pero Ash tenía que saberlo.

—¿Qué, qué?— dijo el atlante con los hombros tensos.

Como no me he dado cuenta antes, pensó.

—Lo que oyes. El hombre que mató a Danger ahora es un Daimon y se han vinculado. La tiene atada a él y amenazada. Está con ellos por obligación haciendo el papelón de su vida para que nosotros la odiemos. Tengo que sacarla de allí, Ash. No puedo…no puedo ni imaginarme por los que estará pasando. No debería habértelo contado, pero lo necesitaba.

Acheron se acercó a Zarek y posó su mano en el hombro de él, en un gesto de tranquilizarlo.

El atlante suspiró.

—Las cosas se nos están descontrolando. No se que pasa Zarek, de verdad. Se me escapan muchas cosas de las manos, ya no se como mantener esta situación, y me siento impotente porque yo he mandado a todos los cazadores a venir hasta aquí...
—No te eches las culpas Ash, si no lo hubieras hecho seguramente estaríamos ya todos muertos. Si ha pasado ha sido porque las zorras de las Moiras han querido. Son expertas en dar por culo— Ash sonrío.
—Vaya Z, no sabía que pudieras ponerte tan tierno conmigo, veamos como me lo tengo que tomar...—soltó una seca carcajada—. Mel te ha cambiado. Ya no eres tan cascarrabias.
—Sigo siendo el mismo, solo que ahora tengo a alguien que me importa de verdad.

Se sorprendió a si mismo diciendo esas palabras, delante de su jefe.
Había demostrado en una frase lo que sentía y le había dado explicaciones de algo que no quería reconocer. Incluso Ash se sorprendió por la declaración del griego.

—Vaya, que profundo— murmuró pensativo. Zarek le dio una colleja juguetona y el atlante sonrío.

Los dos tenían muchas cosas en común. Habían tenido un pasado turbulento lleno de dolor. Y aunque Zarek al principio odiaba al atlante, había comprendido que le caía bien.

—¿Que hago Ash?—preguntó abatido sosteniéndose la cabeza con las manos en un gesto de frustración.
—Yo no soy nadie para decirte lo que debes hacer pero, solo te digo que escuches a tu corazón y tu instinto. Ellos saben mejor que nadie a que atenerse. Siempre hazles caso porque son los que mejor te comprenden. No será fácil, tus impulsos podrán sobrepasarte, pero debes centrarte y luchar por lo que quieres. Ella también te necesita, puedo sentirlo. Se siente perdida y esto no será tarea fácil de arreglar. La sangre correrá, lo suyo es una unión de por vida— frunció el ceño acordándose de su propia situación—. Y pase lo que pase, necesitará sangre para vivir y si ella muere Tegan también. Siento comunicarte que tienes un lío de cojones. Bienvenido al mundo de los pringados hermano.

Ash solo aparentaba unos veinti pocos años pero era más sabio que Gandalf de “El señor de los anillos”. Sus palabras tan profundas como misteriosas volvían loco a cualquiera. Siempre se iba por las ramas de lo profundo y é te abandonaba en el mismo instante que las pronunciaba para dejarte meditar sobre ellas.

Y así había hecho. Zarek estaba solo de nuevo. Preparado para escuchar a su corazón y sus instintos y para salvar aquello que le importaba, Dangermel, salió de su casa. Presentía que todavía no se había marchado. Quería creer en si mismo.

*******

Había perdido la cuenta del número de latigazos y golpes que se había llevado.
Le dolían hasta las pestañas, tenía las muñecas completamente atravesadas y desgarradas por los clavos. Se sentía como Jesucristo el día de su crucifixión.

Sola y abandonada, ella lloraba. Tegan se había marchado a descansar a Kalosis. Dejándola allí colgada como un trapo viejo.

No dejaba de pensar, una y otra vez, en el porque, le estaba pasando todo esto. Encima, lo peor de todo, era, que ni siquiera la dejaban morir para acabar con su dolor.

Tegan ya la había alimentado forzosamente un par de veces en las horas de tortura, para que sus heridas mejoraran y así volver a infringírselas de nuevo. Había sido un no parar.

Todo el dolor de su pasado había vuelto multiplicado por mil. Se sentía más débil que nunca. Toda la coraza que había estado construyendo durante tantos siglos a su alrededor, había quedado totalmente resquebrajada y dudaba que pudiera conseguir construirla de nuevo después de esto. Porque tenía claro, que no terminaría pronto.

Las horas pasaban. Ya no sabía el tiempo que llevaba allí sola, hasta que oyó un ruido.
Seguramente sería Tegan que volvía para seguir torturándola. Todavía tenía miles de heridas lacerantes por todo el cuerpo. Se miró a los pies, y vio un inmenso charco de su sangre. No quería ni pensar la apariencia que tendría.

La puerta de la sala de torturas se abrió y no se podía creer quien había allí. Le hubiera sorprendido menos encontrarse a un elefante volador.

—¡Por los dioses!

Zarek se echó las manos a la cabeza al ver la escena.

Era Mel… sus instintos y sus corazonadas, lo habían llevado a ella.
Estaba completamente destrozada.

Tenía heridas abiertas por todo su cuerpo, iba perdiendo sangre poco a poco. Su cara estaba surcada de arañazos que parecían haber sido infligidos por un látigo. No había ni un rincón de su cuerpo que no mostrara daños.

—Za..¿Zarek?— murmuró con voz débil. No se podía creer que él estuviera ahí— ¿Cómo me has encontrado?

Zarek se acercó a ella lentamente, y buscó la manera de soltarla de ahí.
Las cadenas estaban incrustadas en sus muñecas, con una especie de pinchos.

—Tranquila princesa. Voy a sacarte de aquí.

Con mucho cuidado, retiró las cadenas de sus pies rompiendo el cierre con su fuerza. Esas eran más sencillas porque no tenían pinchos, lo complicado iban a ser la de las muñecas.

—Mel, las de las muñecas te dolerán. Será imposible quitártelas sin hacerte daño…
—Hazlo…después de todo, no creo que sea peor de lo que me han hecho.

Zarek vio como una lágrima rodaba solitaria por su rostro. Le acarició mientras le quitaba la sangre seca de la cara y se acercó a sus labios para besarla dulcemente. Como había echado de menos sus labios.

—Será rápido…

Colocó sus manos en el grillete y con un rápido movimiento lo partió por la mitad mientras Mel gritaba por el dolor de los pinchos. Cuando terminó vio el destrozo que había hecho en sus muñecas.

—Vámonos de aquí. Te vienes conmigo— la cogió en brazos y se la llevó en dirección a su casa.

En medio del camino, Mel perdió el conocimiento. Cada vez tenía menos sangre en su cuerpo. Zarek la cuidaría y no dejaría que se marchara. Alguna solución encontraría para mantenerla a su lado.

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