-Historias Dark Hunter- Capitulo 66 por Jeliel

viernes, agosto 12, 2011

Me había atado el báculo a la espalda de tal manera que el tridente colgaba hacia abajo. Corrí sin parar hacia mi zona, matando a todos los daimons que encontraba por el camino. Uno había conseguido clavarme una daga en el gemelo derecho y cojeaba al caminar. Tenía heridas prácticamente por todo el cuerpo y ya hasta me costaba respirar, cuando un grupo de cinco daimons me acorraló en uno de los numerosos callejones sin salida de la zona este de Nueva Orleans.
Llegó el fin, pensé mientras una sonrisa se extendía por mi rostro. Miré hacia el cielo, el eclipse estaba a punto de terminar y yo no iba a vivir para contarlo. Que así fuera.
Me lancé a por ellos con un grito y maté a dos de golpe. El tercero esquivó mi golpe y me lanzó por los aires dos metros hasta que choqué contra un muro.

- Démonos un homenaje antes de matarla chicos - dijo con una gran sonrisa en la cara.

Otro se agachó, me agarró del cuello y empezó a olerme el cuello. Intenté ponerme en pie para plantarles cara, pero todo me dolía demasiado. El daimon me levantó de golpe para obligarme a mirarlo a la cara.

- Hoy no estoy de humor para homenajes ¿sabéis? - les dije.

De repente me di cuenta de que la punta del báculo, que había permanecido bien sujeto a mi espalda en todo momento, había empezado a brillar. Casi me había olvidado de él. Guardé a Colmillo con cautela y en cuanto pude saqué el báculo con un rápido movimiento y apunté al daimon que tenía más cerca. Una luz verde salió de él y explotó.

- ¿Que cojones...? - exclamó uno de ellos.

Aproveché para golpear con el palo a ambos y poder alejarlos para conseguir más espacio para luchar. Conseguí matar a uno de ellos no sin esfuerzo y patee al último tantas veces como pude hasta que ambos caímos al suelo sangrando. Intenté apuñalarlo, pero me dio una patada que me hizo rodar por el suelo mientras él se afanaba en abalanzarse sobre mí para intentar quitarme la ropa y encontrarme el símbolo de Artemisa para poder matarme.

- No me toques, bicho rubio - gruñí.

Lo agarré del pelo y por fin, conseguí hacerlo caer para darle la puñalada que lo mandó al otro barrio.
Caí al suelo agotada, recogí el báculo del suelo y me dirigí cojeando hacia El Santuario, me quedaba un largo camino por recorrer. Nada más entrar al Barrio Francés escuché a alguien que me llamaba y se acercaba corriendo a mí. Empecé a ver doble, había perdido ya mucha sangre.

- ¿Vane? - pregunté frunciendo el ceño al presentir una presencia lobuna.
- Vane está bien. Me pidió que fuera a ayudarte en cuanto despertó - reconocí la voz de Fury.
- Me alegro de que se encuentre bien, hablaré con él antes de...

***

Estaba tumbado en esa put* camilla de la que no me dejaban bajar, con los ojos muy abiertos, mirando al enorme ventilador de techo que se movía sobre mí rápidamente. Se me empezaba a terminar la paciencia, Jeliel ya debería haber vuelto hacía rato, era neófita en esto y la luz del sol le molestaba antes incluso de que amaneciera, su cuerpo la ponía en alerta temprano.
Había intentado ir a buscarla, pero me lo habían impedido. La herida me dolía, sí, pero no moriría por ello. De repente mis pensamientos se vieron interrumpidos por la súbita llegaba a la habitación de Fury con Jeliel en los brazos. Estaba inerte, la cabeza le colgaba hacia atrás, al igual que uno de los brazos.
Me incorporé en el acto sintiendo un dolor espantoso, pero intenté ignorarlo.

- ¿Qué le ha pasado?
- La encontré en Burgundy Street, sangraba mucho. Me estaba preguntando por tu estado cuando se desmayó de repente - respondió mi hermano dejándola en una camilla igual que la mía -. Túmbate, Vane, yo cuidaré de ella.
- No, maldita sea.
- Vane túmbate - la voz autoritaria de Carson, el halcón, me provocó un enfado automático.
- Estoy bien - protesté intentando no parecer muy brusco.
- Descansa mientras le limpio las heridas por lo menos - Carson bajó la persiana de la sala para que cuando amaneciera, el sol no dañara la piel de Jeliel -. Tampoco es que puedas ayudarme mucho. Fury, gracias, te llamaré si necesito algo.

Fury salió por la puerta mientras yo me tumbaba de nuevo, pero en ningún momento aparté la vista de ella. Realmente parecía un ángel allí tumbada, los ojos cerrados, las tupidas pestañas le rozaban ligeramente las mejillas y el largo pelo negro le rodeaba la cabeza como si estuviera tumbada bajo un manto de ese color.
El lobo que había en mí gruñó fuertemente cuando Carson utilizó sus poderes para desnudarla. Éste me dirigió una mirada desaprobatoria antes de continuar su trabajo. ¿Qué me pasaba? Carson se apresuró a limpiar las heridas de Jeliel profesionalmente y la tapó con una sábana.

- Ha perdido mucha sangre, solo necesita descansar y que los dioses Oníricos hagan su trabajo. La llevaré a su habitación.
- Espera, voy contigo. Moveré esta camilla hasta allí.
- Deja de moverte, Vane. Se te abrirá la herida. Fury y yo nos turnaremos durante el día para vigilarla y vigilarte a ti también.
- He dicho que voy.
- Te estás metiendo demasiado en tu papel, lobo. Cuando el agua te llegue al cuello, a mí no me llores.

Carson utilizó sus poderes para teletransportarnos, con camillas incluidas, a la habitación que Jeliel ocupaba en El Santuario. Me apresuré a conjurarle un pijama de tirantes y pantalón corto, ambos en negro y lisos, para ocultar su desnudez y a la vez dejar a la vista sus heridas. Carson la cogió en brazos y la dejó en la cama, después comprobó mi herida y se marchó sin decir una sola palabra, cerrando la puerta tras él y dejándome a solas con ella.

***

Desperté a la tarde siguiente, presentía que aún era de día, podía notarlo. El cuerpo me dolía, aunque mucho menos que la noche anterior. ¿Por qué no había acabado muerta? ¡El báculo! Abrí los ojos y me senté rápidamente en la cama para buscarlo, pero lo que encontré a simple vista no fue el báculo, sino a Vane en su camilla mirándome fijamente.

- ¿Acabo de sufrir un deja vu horrible o ya llevas dos noches metiéndote en mi habitación, lobito?

Soltó una carcajada seguida de una mueca de dolor al mover el pecho. Me levanté corriendo al recordar todo lo ocurrido en la noche anterior.

- ¡Mon Dieu! - exclamé. Bajé corriendo de la cama y me acerqué a él.

Se encogió ligeramente cuando puse una mano con suavidad sobre la herida.

- Siento mucho lo que pasó, Vane. Si hubiera prestado más atención te habría visto acercarte a nosotros y no...
- No fue culpa tuya - sonrió -. Por cierto, estuviste muy bien.
- Bueno, casi me matan una hora antes del amanecer y si no llega a ser por ti, que mandaste a Fury, no me habría dado tiempo de llegar aquí y habría muerto frita por el sol. Así que te debo una - le aparté el pelo del a frente -. ¡Vane, estás ardiendo! Tienes mucha fiebre, deja que llame a Carson.
- ¡No! - me agarró del brazo -. Los medicamentos no tienen efecto con mi especie ni con la tuya, lo único que puedo hacer es esperar y que sane la herida. Por cierto - me miró de arriba abajo -, veo que tú has sanado muy rápido, aunque aún te quedan marcas.

Me miré. Sí, aún tenía marcas y alguna herida medio abierta. Me encogí de hombros.

- Deja por lo menos que te refresque la frente, es lo mínimo que puedo hacer.

***

Cuando volvió a la habitación sostenía entre sus brazos una palangana que dejó en la mesa más cercana. Sonrió y sacó un paño que llevaba sujeto entre su piel y el pantalón del pijama. Esa sonrisa me hizo estremecer de arriba abajo. Sacudí la cabeza, mareándome. Tenía que quitarme esos pensamientos de la cabeza, pero no podía pensar en nada más que en ella, me había pasado la noche entera mirándola, adorándola, algo había despertado en mi interior al verla llena de heridas de guerra.
Yo sabía por qué mi herida habría empeorado, pero no iba a decírselo, por supuesto. Al igual que la anterior noche, Jeliel había estado hablado y gritando en sueños. Desesperado por intentar calmarla, me había puesto en pie y había caminado hasta su cama para susurrarle al oído que dejara de gritar, que yo estaba con ella. Lo peor había llegado cuando alargué el brazo para limpiarle las lágrimas que caían incluso con los ojos cerrados y ella atrapó mi mano para llevársela a la boca y besarla. Había dado un paso atrás, pero en cuanto ella tiró de mí y, a tientas, me agarró la cabeza para apoyarla en su pecho, yo había perdido toda fuerza de voluntad y dejé que me guiara hasta tumbarme sobre ella.
El olor a jazmín inundó mi fino sentido del olfato y sin darme cuenta siquiera, me encontré besándole el cuello mientras ella arqueaba la espalda debajo de mí, pidiendo más.

- Ne laissez jamais, s'il vous plaît - No vuelvas a marcharte, por favor, susurró de repente en francés.

Me eché hacia atrás, de vuelta en mis cabales. Por supuesto, ella no estaba soñando conmigo, soñaba con Carlos.

- No te abandonaré jamás - le susurré yo a mi vez mientras me apartaba de ella a regañadientes -. Duerme.

Me había encerrado en el baño a terminar yo solo lo empezado para más tarde y tras comprobar que ella estaba bien, volverme a tumbar en la maldita camilla.
Y ahora estaba allí, dedicándome esa sonrisa mortal que me partía el corazón, decidida a limpiar el sudor de mi cuerpo y ayudarme con la fiebre.
La escuché soltar un grito de sorpresa y me giré a tiempo de ver como soltaba el paño totalmente empapado al suelo.

- ¿Qué te ocurre?

Ella alargó el brazo y me lo mostró. Yo mismo había visto que en ese brazo tenía una de las heridas aún abierta; ahora no había nada.
Fruncí el ceño, extrañado. Antes de que pudiera replicar nada, Jeliel había agarrado mi daga preferida, la misma con la que me había perforado el pulmón, y se hizo un corte tremendamente profundo en la muñeca del que empezó a manar sangre rápidamente.

- ¿Te has vuelto loca? - exclamé mientras me incorporaba.
- Calla - replicó.

Metió la mano en el agua y la herida sanó en segundos. Clavó sus ojos negros en los míos.

- Creo que el diosecillo que me dio ese báculo me debe alguna explicación - sacudió la cabeza -. En fin, más tarde. Ahora soy toda tuya.

Mi entrepierna se tensó al escuchar eso y no pude apartar la mirada de sus caderas mientras se dirigía al baño a cambiar el agua de la palangana.

***

Tuve que obligar a tumbarse a Vane de nuevo para poder intentar controlar la fiebre a base de paños fríos. Lo dejé en manos de Carson para ducharme, vestirme y bajar al bar. Tenía que encontrar al resto de cazadores para ver como les había ido a ellos.
Mis poderes menguaron en cuanto entré a la sala principal de El Santuario y busqué con la mirada al cazador causante de ello. Antes de que pudiera darme cuenta, alguien me agarró por detrás, levantándome a peso.

- ¡Pequeña Jel! - gritó una conocida voz. Me giré rápidamente para encararlo.
- ¡Nick! Me alegro mucho de verte - lo abracé.
- Yo también, pero no en estas circunstancias. Siento mucho lo que ha pasado.

La sonrisa se me borró de la cara. Precisamente esa noche había tenido un sueño bastante real y Carlos inundaba mi mente, por lo menos hasta que la mirada de Vane se había cruzado con la mía.

- Gracias...
- Cuenta conmigo para lo que necesites, ¿vale?
- Genial - me forcé a sonreír y Nick me pasó un brazo por los hombros.

En ese momento empezó a sonar la canción de Sweet Home Alabama y Aquerón hizo acto de presencia.
Nos encontramos en el centro del bar, mientras Ash nos repasaba con la mirada a ambos.

- Me alegro de veros sanos y salvos - dijo.
- Quiero mi beso - dije.

Nick giró la cabeza de golpe para mirarme, sorprendido. Ash puso los ojos en blanco.

- Estoy de servicio, Jeliel, y en público.
- Me da igual el público. Hasta ahora nunca me ha faltado el beso de bienvenida por parte de mi tutor y eso no debe cambiar.

Aquerón puso los ojos en blanco, se inclinó para besarme la frente y se retiró rápidamente.

- No ha sido tan malo ¿verdad? - le dije dándole un puñetazo cariñoso en la tripa.

Nick sacudió la cabeza y se sentó en una de las mesas, aún riendo. Lo imité, sentándome a su lado, mientras Aquerón tomaba asiento a mi derecha.

- Que sepas que he apuñalado a Vane.

Aquerón me taladró con la mirada a través de sus gafas.

- Ya me siento bastante culpable como para que me eches esa mirada de ogro. Está con Carson, le perforé un pulmón, se recuperará aunque según Carson ya debería estar mejor de lo que está...
- En cuanto termine la reunión con los dark pasaré a verlo, quiero ver como les ha ido y si tenemos alguna baja...
- A ver si llegan pronto los otros. Tengo que invocar al hijo del dios del mar para pedirle explicaciones.

Aquerón se quedó petrificado.

- ¿Qué sabes tú sobre eso, Ash? - pregunté al reconocer su reacción.

Él se encogió de hombros.

- Nada con seguridad. Pero supongo que ahora todos saldremos de dudas ¿no? - sonrió.
- Talon está bastante jodido, Ash. Ayer se abrió un bolt hole aquí mismo, provocando el pánico entre los clientes. Talon se puso en primera linea de fuego. Entre todos conseguios abatirlos, pero hubo bajas por nuestra parte, humanos sobretodo.

Aquerón asintió.

- También pasaré a ver a Talon...

Pasó el rato, pero ningún cazador entraba por la puerta. ¿Qué cojones estaba pasando? Aquerón decidió ir a buscarlos uno a uno. Mientras, me aconsejó que no saliera del bar y me dedicara a invocar al hijo del dios del mar.

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