-Historias Dark Hunter- Capitulo 69 por DangerMel

viernes, agosto 19, 2011

Se desmayó de camino a casa de Zarek.
Él no se podía creer que estuviera en ese estado en sus brazos. Estaba completamente rota y desmadejada.
Tenía signos de tortura en todas y cada una de las partes de su cuerpo.

Cuando llegó a la casa, la dejó en su cama tumbada y le despojó de las pocas prendas rotas y ajadas que llevaba encima.
Examinó su cuerpo de arriba abajo, observando la carnicería que habían hecho con ella.
Había algunas heridas abiertas y sangrantes. Eran latigazos. No pudo evitar recordar su pasado, cuando él, siendo un niño, había sido abusado en incontables ocasiones de esa horrible manera. Danger no se merecía eso. Su cuerpo era frágil, aunque adoptara esa apariencia de guerrera, ninguna mujer debería ser ultrajada y maltratada de tal manera. Si fuera por él, se marcharía en ese mismo instante a matar a Tegan, pero estaba unido mediante la sangre con Danger y eso solo conseguiría que muriera ella también en el proceso.
Malditas una y otra vez las moiras por el destino que les habían profesado a los suyos.

Danger abrió sus ojos lentamente, le dolía todo el cuerpo.
Se encontraba en una habitación, pintada en colores oscuros, y bien amueblada. ¿Dónde se encontraba?
—Mel, ¿como te encuentras?
—¿Zarek?— respondió con voz pastosa.

Comenzó a recordar lo que había ocurrido.
Zarek había entrado por sorpresa a rescatarla, donde se hallaba encadenada, siendo torturada por Tegan. Él la había salvado. Se había arriesgado por ella.
Pero el orgullo de Mel hacia acto de presencia, y todavía, su mente le recordaba el desplante que él le había hecho.
Intentó incorporarse para marcharse de allí. Si Tegan aparecía y no la encontraba, se volvería loco. Además que no tardaría demasiado en dar con ella, su sangre corría por sus venas y podría encontrarla con facilidad.

—¿Qué haces? No te muevas— Zarek la agarró por las manos, impidiéndole que levantara su cuerpo de la cama.
—Tengo que irme, no puedo estar aquí. Si Tegan te encuentra conmigo no se lo que será capaz de hacer.
—No le tengo miedo…
—No es momento de hacerse el chulo, Zarek. Tengo que irme y punto. Yo ya no pertenezco aquí— puso un pie fuera de la cama, pero nuevamente Zarek se lo impidió amarrándola bajo su cuerpo—. Sal de encima— gruñó.
—No
—Te he dicho que salgas- intento empujarlo con la telequinesia, pero estaba demasiado débil y dolorida como para que funcionara. Ni siquiera su poder la ayudaba.
Se miraron fijamente, diciéndoselo todo con esa mirada. Sus rostros estaban a escasos centímetros el uno del otro. El olor de Zarek la cautivaba completamente. Echaba de menos su cuerpo, su ironía. Todo el. Y eso que solo habían pasado dos semanas desde que todo ese embrollo había comenzado.
Lentamente Zarek fue bajando la cabeza, hasta sentir el roce de los labios de ella. La besó profundamente, metiendo su lengua y jugando con la de ella. Sintiendo esa conexión que los unía. Unos sentimientos que intentaban enterrar, pero que explotaban con el contacto del otro.
Danger alzó sus manos para posarlas en la cabeza de Zarek y profundizar todavía más el beso.
No pudo evitar que una lágrima descendiera de sus ojos, por el placer que conseguía con él. Se sentía...en casa.
—Mel...
—Shh…calla. No digas nada.
Zarek descendió con sus manos, resiguiendo cuidadosamente el cuerpo de Danger, intentando no dañarla. Sus heridas todavía eran muy graves. No quería perjudicarla todavía más.
Sus cuerpos ardían de deseo, querían más el uno del otro.
Mel le arrebató la camiseta negra de un tironee, dejando su torso desnudo a su merced para acariciarlo a placer. Intentó por todos los medios tumbar al otro lado de la cama a Zarek, pero le faltaban demasiadas fuerzas.
—Tranquila princesa, no fuerces. Primero hay que curarte esas heridas.

Él comenzó a hacer todo el trabajo. Le quitó completamente los harapos rotos que llevaba en su cuerpo y la cogió en brazos. La llevó hasta el baño, y la introdujo en la bañera, llenándola por completo hasta que cubriera su cuerpo.
Con una esponja le quitó suavemente la sangre seca que había en su cuerpo. Cada friega que le daba, hacia que la rabia creciera en su interior. Tenía marcas de todas las formas posibles, en su pecho, en su cara, en la espalda, en su vientre. Incluso tenía una pequeña herida en su tatuaje del doble arco y la flecha de Artemisa.
—Maldito hijo de ****—gruñó sobresaltando a Mel.

Danger levantó la cabeza avergonzada. Se sentía completamente sucia. Sufría viendo el dolor en el rostro de Zarek. Ella ni siquiera sabía como estaba, pero por su cara, se hacia una pequeña idea de cual era su apariencia.
—Casi te mata Mel, tu marca de Artemisa tiene rasguños, ¡joder! No te pienso dejar marchar.
—Él sabe que una herida en la marca nos mata, zarek. No se va a arriesgar hacerlo. Y debes dejarme marchar. Lo necesito— un reguero de lágrimas cayó de nuevo por su rostro.
Zarek la vio llorar y se puso en su lugar. El horror que estaba viviendo, la estaba destrozando.
¿Dónde había quedado la guerrera? Esa chica que lo volvía loco, que con sus palabras lo hacia reír como ninguna otra chica había conseguido jamás. Esa chica que lo hacia arder y desear más de ella.
Se estaba perdiendo a si misma. Jamás la había visto tan deprimida y de bajón. Era como ver a un zombie en directo. Ella se dejaba hacer, no oponía resistencia, era una muñeca de trapo.
Zarek la abrazó, intentándole inculcar el apoyo que el quería brindarle en esos duros momentos.

—¿Sabes algo de Melo?—preguntó rompiendo el momento.
—No. Hace días que no la veo. ¿Por qué?
—El día que vine a verte, cuando salí de aquí, me la encontré— comenzó—. Ella lo sabe todo desde el principio. Pero entonces, mientras le contaba lo que había estado hablando contigo...- las lágrimas salieron a borbotones al recordarlo- apareció Tegan. Yo...yo intenté controlarlo con mi don. Pensé que funcionaria y me escapé de Kalosis para hablar contigo, pero no funcionó. Nos pilló a las dos...y por...y por mi culpa…— hipó— a Melo la poseyó Desiderius...— su voz se quebró con un fuerte sollozo.
—¿Qué? Joder. Tengo que avisar a todos. Quédate aquí. Vuelvo en momento— le dio un fuerte abrazo y la besó.

Zarek salió del baño con rapidez para llamar a Kyrian, dejando a Danger con sus rotos sollozos en el baño. Apostaba a que ella se sentía culpable por lo ocurrido a su amiga. Aquello no podía estar pasando, todo era una verdadera locura.

—Kyrian, Mel esta poseída por Desiderius—fue directo al grano.
—No me digas...— murmuró con voz triste e irónica.
—Genial, ya lo sabes...¡joder!- gruñó—. Hay que buscar la forma de ayudarla. Mel esta aquí conmigo, me contó lo que paso...
—¡¿Mel?!—gritó—. ¿Dónde está esa maldita traidora? ¡Quiero matarla!
—¡Eh tranquilízate general! Mel lo único que ha echo es intentar protegernos. Pero no le ha servido de mucho.
—¿Qué quieres decir?—murmuró ya más calmado.

Zarek le explicó todo lo que sabia. No sabía si al hacerlo la estaba poniendo todavía más en peligro, pero Kyrian había prometido que no lo diría a nadie. Y dado el hecho de que ellos tenían a Melo también, debía conocer el procedimiento por el que había sido sometida Danger, aunque Melo tendría suerte en una parte. Que no tenía a un marido al que creía muerto haciéndole la vida imposible.
—Joder...y...¿cómo está?—preguntó al fin. Zarek suspiró.
—No es ella...esta como muerta. Sólo hace que llorar. Está irreconocible, no es la Danger cabronzuela que todos conocemos.
—Zarek, sabes que entre tu y yo, no hay mucha amistad— eso era cierto, Zarek no se llevaba bien con nadie. Sólo con Mel—. Pero sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites. Mel es una gran amiga de Melo, si le pasara algo, no me lo perdonaría jamás y estoy dispuesto, en cuanto consiga que Melo vuelva a mí, a ayudarte en lo que necesites.
—Gracias— murmuró sinceramente.

Zarek se despidió de Kyrian y volvió al baño. Danger se agarraba las rodillas con sus brazos, meciéndose adelante y atrás, con la mirada perdida mientras seguía con sus sollozos.
Se le rompía el corazón completamente viéndola así.
La abrazó fuertemente, mojándose con el agua que cubría su cuerpo desnudo.
La saco de allí después de recorrer completamente su cuerpo y curarla, y la envolvió con una toalla.

—Mel, no puedes seguir así. Necesito verte sonreír de nuevo— ella miro para otro lado.
—No tengo ganas de sonreír, Zarek. Todo lo que era mi pasado, a caído sobre mi como un jarrón de agua fría. Los recuerdos me reconcomen la cabeza. El que Tegan este vivo, me ha traído de nuevo a la mente el dolor que sufrí por la pérdida de mis hijos. Dos vidas inocentes condenadas a una muerte prematura por ese hijo de pu-ta que me esta jodiendo la vida de nuevo— lloró—. El dolor físico ni siquiera me importa, es lo que siento aquí— alzó su mano hasta el corazón—. Esto de aquí ya no tiene ganas de latir. Nada tiene significado ya.
—Tienes que luchar. Eres una guerrera ¡joder!. Siempre lo has sido.
—Te equivocas. Tegan tiene razón...—suspiró.
—¿Sobre que tiene razón ese mal nacido?— preguntó con rabia.
—Todo ha sido una apariencia. Me e escondido tras un muro de hierro. Mostrando todo lo contrario de lo que yo soy. Haciéndome la fuerte cuando soy una persona débil. Sonriendo cuando lo único que tengo ganas es de llorar por mis hijos. Luchando por una vida que ni siquiera me importa. Todo era falso...

Zarek se enfureció al oír sus palabras. Mel siempre había dicho que le gustaba su vida. No se creía que en realidad pensara así. Ella misma le había convencido a él de que había que seguir adelante, de luchar por un mundo mejor y de sobrevivir con lo que se tenía.
—No te creo— ella lo miró—. Falsa estas siéndolo ahora. Ahora piensas así, porque estas traumatizada por culpa de Tegan, pero tu no eres así. ¡Reacciona Danger! ¡Abre los ojos de una pu-ta vez y vuelve a ser tu! ¡Lucha joder, lucha por lo que tienes! Por tus amigos, por la gente que quieres. Artemisa, Melo, Lau, Fletcher… Todas os necesitáis. Yo te necesito de vuelta...

Le levantó el rostro con la mano, haciendo que la mirara directamente a los ojos y la besó de nuevo.
Mel saboreó el sabor de Zarek, haciéndole olvidar por un segundo cualquier pensamiento pesimista. Transmitiéndole amor y cariño con ese gesto. El estaba dispuesto a luchar por ella, pero ella no se veía con fuerzas para ello.
—Te quiero Mel. ¡Joder!— se sorprendió inmediatamente al oír sus palabras. Zarek no era de admitir esas cosas.
Más lágrimas cayeron. Era una cascada sin fin. Se sentía ridícula. Había llorado tantos litros que podría inundar un pueblo sin darse cuenta.
—Te quiero Zarek— él la abrazó suavemente y unió de nuevo sus labios. Besó su cuerpo con delicadeza, procurando que sintiera la sinceridad de sus palabras con las caricias que le proporcionaba.
Quería hacerle el amor suavemente, conseguir que se sintiera querida. Pero su momento de declaraciones no duró demasiado.

—Pero bueno mujer. ¿Ya me estás siendo infiel?
El pánico se apoderó de nuevo en el cuerpo de Mel. La había encontrado…

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