-Historias Dark Hunter- Capitulo 70 por Jeliel

viernes, agosto 19, 2011

Entré en la habitación que ocupaba temporalmente en El Santuario y cerré la puerta a mi espalda. Nadie se había presentado a la reunión y Aquerón había ido a inspeccionar y visitar a los Hunters uno a uno.

- No te muevas de aquí - había dicho antes de irse.

<No te muevas de aquí, no toques esto, no hagas aquello...> ¡será marimandón!

- Tritón, yo te invoco en tu forma humana.

Rápidamente apareció ante mí el mismo hombre/dios de la noche anterior. Se había cambiado la camisa por una más playera, si cabe, y llamativa que la anterior; la llevaba abierta de la misma manera.

- Empieza a hablar, marino - dije despectivamente.
- Creo que no deberías hablarme así teniendo en cuenta que Vane probablemente habría muerto si yo no hubiera aparecido y que tú no habrías tardado en seguirlo al inframundo si no te hubiera regalado el tridente.
- De acuerdo... pero comprende que últimamente no tengo unos días muy buenos y empiezo a estar harta de toda esta mierda. A veces creo que debería haber aceptado y largarme con Savitar en vez de...
- Lo siento.
- ¿Qué sientes? ¿Cómo ibas tú a tener algo que ver con todo esto...?

¿O sí?

- ¡Joder! Como no empieces a hablar ya juro por...
- Tu padre no era tu padre. Yo soy tu padre.
- ¿Has estado de maratón de la Guerra de las galaxias?

Me eché a reír. Él me miró con esos ojos de color tan curioso, su mirada me intimidaba pero a la vez me resultaba extrañamente familiar. Se sentó en una butaca, estiró las piernas y cruzó los tobillos despreocupadamente.

- Piénsalo - dijo -. ¿De dónde crees que vienen tus poderes? ¿Por qué te resulto familiar?

Sacudí la cabeza y me senté en la cama. No era posible, eso me convertiría en semidiosa - ¿semidiosa yo? - y a la vez eso explicaría tantas cosas...

- Si eso fuera cierto he sufrido en vano durante la mayor parte de mi infancia y mi adolescencia. Merecerías todo el odio que fuera capaz de sentir.
- Por eso lo siento - asintió con la cabeza -. Quiero explicártelo todo... si me dejas.

Le hice un gesto con la cabeza, indicándole que continuara.

- Los dioses marinos vivíamos en el Olimpo, pero siempre hemos necesitado el agua. Nos da vitalidad, fuerza... vida. Poseidón construyó una ciudad parecida al Olimpo, ligeramente menor en tamaño pero comparable en belleza, para que los dioses marinos pudiéramos vivir allí; aunque Zeus reclama nuestra presencia constantemente allí arriba. La vida en Amnis a veces aburre un poco porque siempre nos vemos los mismos las caras y de vez en cuando apostamos. Apostaron que no era capaz de seducir a una vieja católica y fiel a su marido, que resultó ser tu madre. Como podrás suponer... no fue muy difícil, aunque debo decir que ella creyó en todo momento que había sido un sueño.

No imaginaba a mi madre con otro hombre, y menos con Tritón, que aparentaba ser tan juvenil... ella a su lado en aquel entonces debería parecer una uva pasa.

- Unos dos años después, uno de los dioses menores me dijo que había visto a tu madre paseando a una niña. Cuando me dijo la edad que aparentaba esa niña y, echando cuentas, vi que podría haberla concebido aquella noche, os busqué por toda la ciudad. Cuando te encontré jugabas en un parque para niños. Recuerdo perfectamente cuando me agaché ante ti para inspeccionarte los ojos y ver si tenías el típico color de iris que tenemos los dioses del mar; no era así, pero me miraste con esos grandes ojos marrones y me sonreíste, divertida. No tenías mis ojos, pero sí mi pelo, negro y ondulado, además podía notar el poder que emanabas, aunque entonces no sabía exactamente cuáles de mis poderes habías heredado. En ese momento solo quería hacer una cosa: llevarte conmigo. Pero tu madre apareció justo en el momento en que alargaste la mano hacía mí y te levantó en brazos para estrecharte contra ella. Deberías haber visto la expresión de su cara cuando me vio -y reconoció- de su supuesto sueño. Creo que fue entonces cuando empezó a atar cabos. ¡Quería llevarte conmigo! ¿Sería tan egoísta que te arrancaría de los brazos de tu madre? Definitivamente sí, lo sería, los dioses somos así. Pero no podía llevarte así por las buenas, Zeus habría entrado en cólera; intenté hablar con mi padre, Poseidón, pero no te aceptaría entre nosotros hasta que fueras adulta. Cuando volví a buscarte Aquerón ya había entrado en tu vida y estabas en Madrid. Empezabas una vida con Carlos y decidí no inmiscuirme.

La cabeza me daba vueltas, pero todo tenía sentido. Siempre había necesitado el agua para calmarme. Si estaba nerviosa, llenaba la bañera y me sumergía completamente dentro para relajarme. Aguantaba la respiración mucho más tiempo que la gente normal. Y a pesar de que en aquel entonces yo solo tenía tres años, recordaba perfectamente mis primeras vacaciones en la playa. Mis padres habían flipado al verme nadar perfectamente cuando nadie me había enseñado, me miraban asustados mientras yo me internaba más y más en el agua, jugando con los peces que se acercaban a mí. Recuerdo como el mar me llamaba, como si me pidiera que continuara nadando más y más hasta perderme en las profundidades. Mis progenitores se asustaron tanto que no me volvieron a llevar a la playa. Solo volví a pisarla cuando Aquerón, en mi 17 cumpleaños, me había regalado un día entero en la isla de Savitar para que pudiera disfrutar de la playa con tranquilidad, sin gente en los alrededores.
Más tarde, Carlos y yo viajábamos como mínimo un fin de semana cada quince días a alguna playa, y cuando mi tripa se abultó tanto que los viajes empezaron a ser peligrosos e incómodos, Savitar me recogía una vez por semana para llevarme a su isla.

- Extrañamente no eras inmortal, pero heredaste otros poderes. Pensaba regalarte la inmortalidad, esperaba a hacerlo a que naciera tu hijo, ese hijo al que ibais a llamar Aquerón en honor al atlante que te salvó de aquel manicomio - puso cara de asco.
- Zeihar Aquerón, ese era su nombre completo, aunque pensábamos llamarlo Aqui.
- Lo tenía todo planeado. Acudiría a ti, te explicaría todo esto y te ofrecería la ambrosía; a ti, a tu marido y a tu hijo. Pero las cosas no han salido como planeaba, por eso lo siento, por no haberme pasado la opinión de mi padre y mi tío por el forro de los cojones. Ahora te ves atrapada en este mundo, con ese... atlante y la zorrita de mi prima. Como mínimo me consuela algo que he hecho bien - desvió la mirada hacia el tridente -. Lo hice especialmente para ti y no dejará que mueras, te lo juro.

No le respondí.

- Mira, Jeliel... sé que es demasiada información, pero piensa en ello, reflexiona. Cuando quieras volver a hablar solo tienes que llamarme.

Cuando levanté la mirada se había marchado.
La vida era una mierda, eso es lo que era.
Salí al pasillo buscando a Vane y me lo encontré de frente, totalmente recuperado. La impresión de verlo con fuerzas de nuevo me hizo abrazarlo fuertemente y ocultar el rostros en su pecho.
Se limitó a acariciarme suavemente la espalda mientras explicaba que Aquerón lo había curado, a él y a Talon.
Tras sentarnos en una de las mesas con nuestras bebidas de rigor, me dispuse a poner a Vane al día con toda la información que me había proporcionado Tritón.
Necesitaba desahogarme.

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