-Historias Dark Hunter- Capitulo 71 por laucrep

jueves, agosto 25, 2011

Cuando despertó se encontraba muy aturdida y a unos pies del suelo, atada de pies y manos. Levantó la cabeza y observo la extraña habitación en la que se encontraba, era de mármol blanco. Había una pequeña luz que iluminaba toda la estancia. Miro sus ataduras, eran unos grilletes de plata pegados a la pared. Estaba tapada con una especie de peplo de color marfil.

Si confiaba en su instinto el lugar no le era desconocido, tenía pinta de estar en el Olimpo. Cuando paso su aturdimiento comenzó a asustarse eso no significaba nada bueno y menos el que se encontrara en esa posición donde no podía ni si quiera defenderse.
Comenzó a llamar mentalmente a Hera, de pequeña siempre había funcionado cuando se encontraban cerca.

- Hera joder, aparece.- murmuro, no quería que la escuchara nadie.

Pasaron unos minutos y siguió llamándola insistentemente, allí no aparecía nadie. De pronto hubo un fogonazo delante de ella y en ese momento sus peores sospechas estaban confirmadas se encontraba en el Olimpo. Su madre apareció ante ella. Tenía el rostro muy serio y parecía muy apenada. A pesar de tener mala leche, constantemente, siempre tenía una cara muy armoniosa y sonreía. Hoy no.

- ¿Por que estoy aquí?- Pregunto Lau.

- Los enviados de Zeus te descubrieron junto al cuerpo de su nieta, bastante mal herido. Ha aprovechado la ocasión. Déjame decirte querida que se lo has puesto en bandeja esta vez.

- Solo la estaba ayudando, joder¡¡ No lo sabe todo pues tendría que saber que estaba poseída por una sombra.

- Tenía la oportunidad de cogerte y eso ha hecho.

- Ha sido tu culpa, si no me hubieras dado tu regalo, no le hubiera hecho daño.

- Tan agradecida como siempre. Si no te hubiera cogido hoy hubiera sido mañana o dentro de 10 años con otra escusa. No se como evitarlo.

- Por favor sácame de aquí.- Dijo con voz suplicante.

- No puedo y lo sabes, no puedo desobedecer su orden.- Dijo acercándose a Lau y
acariciándole una mejilla.

- Si que puedes te he visto desobedecerle miles de veces.

- ¿Y que conseguía con ello?

Antes de que pudiera replicar hubo otro fogonazo. Lau no se lo podía creer delante de ella estaba Zeus. Ella solo pensaba que ya había llegado su hora. Era tan grande y atractivo, hacía mucho tiempo que no lo había vuelto a ver pero no había cambiado claro estaba, todo en el era perfecto.

- Vaya vaya, ¿que tenemos aquí? Una reunión familiar, que entrañable.- Dijo dando vueltas alrededor de Hera.

- Zeus compadécete de ella. ¿Qué daño puede hacerte? Es una semidiosa y no tiene los
poderes desarrollados, es inofensiva- Dijo Hera.

- ¿Te crees que me preocupa lo que esta niñata me pueda hacer? Solo quiero vengarme, como tú haces con cada hijo que tengo.

Mientras observaba como discutían, Zeus la miro y de pronto salieron dos látigos de la pared donde se encontraba, comenzaron a girar y en su paso chocaban con la espalda y los brazos de Lau. Esta gimió de dolor cuando noto que comenzaban a abrirle la piel. No quería gritar y mostrarse débil delante de los dos dioses que había en la estancia, pero cada vez le costaba más trabajo estarse callada.

Hera intentaba hacer un trato con Zeus para que la dejara libre. Una parte de Lau estaba atenta a la conversación, no podía creer que su madre estuviera intentando salvarla, o al menos que no le hicieran daño. La otra parte estaba fundida en el inmenso dolor que sentía en la espalda.

Sobre el mármol blanco iba cayendo su sangre poco a poco. Lau se sentia débil y una especie de bruma comenzó a cubrir sus ojos, la neblina iba atravesando su mente, hasta dar paso a un jardín coloreado por la cantidad de flores que tenia. Era el Jardin de su madre en el Olimpo. Cuando era niña pasaba la mayor parte de su tiempo allí, cuando no estaba sirviendo a Hera. Mientras observaba la escena vio a una niña, rubia con el pelo muy largo, iba dando saltitos por el patio, parecía muy feliz. Lau se reconoció a ella misma, cuando estaba entretenida con una flor, su tía Ilitía apareció detrás de ella, su tia a pesar de ser hermana de Zeus y de su madre, era una sirviente más de Hera. Nunca lo entendería. Se acerco para susurrarle algo al oído de la pequeña Lau.

Se sentaron en un banco de mármol, e Ilítia comenzó a contarle una historia que al cabo de un rato le sonó muy familiar. Contaba que había una niña muy guapa que vivía entre dioses, su madre, también una diosa, escondía un gran secreto respecto a ella, cuando la niña creció, se convirtió en una chica muy alta y muy guapa, su madre por miedo a que los demás dioses descubrieran su gran secreto, la envio fuera de su casa, dejándola en el plano de los humanos. La chica tenía mucho miedo porque nunca había estado tan sola en un sitio que no conocía, pero lo que no sabía era que su madre la vigilaba siempre que podía porque no quería dejarla sola. Un día el gran dios se entero de la existencia de esta niña y del gran secreto entonces decidió que su ira recaería en ella. Busco a la chica por el plano humano hasta que dio con ella, el Dios vio que estaba felizmente enamorada, se iba a casar e iba a dar a luz a un precioso niño, aunque ese dato no lo sabrían hasta después de la boda. El Dios quiso arrebatarle toda la felicidad que tenia, y lo hizo.

- Tía Ilitía no me gusta tu historia, es triste.- Dijo la preciosa niña haciendo un puchero.

- No te preocupes cariño no tiene por que acabar mal.

Cuando dijo esto prosiguió con la historia.
Cuando cometió su venganza, creía que nunca más volvería a saber de ella, pero el destino quiso que una de las propias hijas del gran Dios la volviera a traer a la vida.

- ¿Pero eso se puede hacer?- Preguntó la niña inocentemente.

- Cariño se pueden hacer millones de cosas cuando tienes poderes. Algún día te terminaré de contar como acaba la historia, pero te adelanto que aunque la chica sufrió mucho al final encontró un rayo de luz que la salvo de toda la maldad que la rodeaba.

- Tenemos una invitada, mira tía.
Las dos se volvieron hacia donde se encontraba, dio un respingo y se echó hacia atrás, no podía ser que la estuvieran viendo.

- ¿Me veis?

- Si¡¡- Dijo la niña y se acerco a ella a tocarle la mano. Parecía que ella tampoco se creía que fuera real.

- Como has crecido- Dijo su tía.

- ¿Sabes quién soy?

- Claro que si. – dijo acercándose a ella también.

- Esa historia que estabas contando.. lo del bebe.- Dijo tocándose su barriga.

- Todo el mundo piensa que soy solo una sirvienta de Hera, pero nadie se ha parado a prestarme algo de atención.- Dijo con voz resignada.

- Te vamos a dar un consejo.- Las dos se dieron la mano y luego cogieron la mano de Lau.- Piensa en el amor, en las cosas bellas que hay en tu vida. Si lo piensas con todas sus fuerzas podrás irte, aunque tendrás que volver.

Ella no entendía lo que le querían decir pero le estaban hablando a ella, ya que las dos la miraban con el rostro esperanzado, la estaban ayudando.

En ese momento noto como se desvanecía y volvía a sentir el dolor en su espalda. Volvía a estar consciente en la habitación, ya no estaba ni Hera ni Zeus.

***
Etienne había llegado a su casa esperando encontrarse a Lau, pero no había nadie en el apartamento. Le pareció raro pero quizás había salido a matar a unos cuantos Daimons, o
algo por el estilo. Decidió esperar unas horas.

Estaba recordando la conversación que había tenido con su madre, bueno más bien su madre había tenido una conversación ya que el paso por completo. Empezó a decirle que como se había atrevido a besar a “esa cazadora”, como la llamaba ella, delante de ella y de toda su familia, que la había decepcionado. La verdad había desconectado, le daba igual lo que le dijera respecto a este tema. Iba a hacer lo que quisiera.

Cuando iba amanecer, su preocupación iba en aumento por que Lau no había aparecido aún. Llamo a Kyrian por si él o Melo sabían algo de ella. Kyrian no sabía nada, pero ni de ella ni de Melo, le conto que Melo estaba poseída por una sombra. La conversación lo preocupó más si cabía, podía estar en cualquier sitio y estaba amaneciendo. Esperaba que no le hubiera pasado nada y que se pudiera refugiar del sol.

La incertidumbre lo estaba matando, odiaba el no saber nada. No paraba de dar vueltas de un lado a otro pensando en cómo podía encontrarla, iba a llamar a Savitar o a Aqueron, cuando de pronto vio un fogonazo delante de sus narices. Vio una sombra que flotaba ante él, estaba de espaldas y parecía Lau, cuando se giro lo confirmó era ella.

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